Categories
Artículos TERCERA CULTURA

Política y ciencia

Lo más importante de esta relación es que la política permita actuar a la ciencia con libertad. Aunque es legítimo que la política impulse ciertas áreas particulares de la investigación, debe considerarse que el dinero es de los contribuyentes y los políticos que son sus representantes, están obligados a conocer sus intereses y no sólo actuar en la línea que les imponen los poderes fácticos y los suyos propios. Es por ello que el Estado no debe decidir lo que se investiga y lo que no se investiga, sino que debe crearse un organismo no gubernamental que incluya a todos los sectores de la población y sea quién determina el uso social de la investigación científica y tecnológica.

Según los más avanzados estudios de la ciencia, todos los individuos poseen una idea clara de lo que son sus intereses, aunque los políticos y sus patrocinadores utilicen al mass media para distorsionarlos o para hacerlos coincidir con los intereses de ambos. Pero el punto toral es que la sociedad ha evolucionado en proporción geométrica hacia una sociedad urbana con grandes rezagos tecnológicos y cientificos, de modo que la divulgación indiscriminada de los nuevos desarrollos técnicos y científicos constituye el principal factor para que una sociedad se desarrolle con éxito y en pleno ejercicio de la democracia. Esa divulgación abierta de los nuevos desarrollos científicos fue justamente el punto fundamental del movimiento cultural que ahora se conoce como ‘la tercera cultura’.

GENES Y MEMES.- Aún cuando se ha comprobado por la vía científica que existen determinadas tendencias políticas contenidas en los genes de todas las personas – más conservadoras o más progresistas – eso no se convierte en el voto por un determinado partido u organismo político – tal y como lo pretenden los consultores electorales y los medios masivos que ellos utilizan – ya que los genes actúan siempre combinados con otros elementos naturales, como el medio ambiente del individuo, su interacción con otras personas y las características del momento histórico del elector, por lo que este factor genético nunca logra expresarse en el voto del ciudadano en forma directa.

Existe también la creencia generalizada de que el ser humano tiende a ser más liberal de joven y más conservador en su madurez, pero la ciencia no ha confirmado ese punto de vista tradicional, sino que ha encontrado toda una gama de sorpresas cuando analiza las tendencias políticas en sectores ciudadanos de diversas edades y clase sociales. La ciencia empírica ha encontrado que en las áreas más industrializadas crece el voto por el centro-derecha, mientras allí mismo existen sectores de la clase alta que votan por la izquierda. Lo que si se ha comprobado por la vía científica es que la izquierda política ha dejado de ser depositaria del progreso en todas las naciones cuya población en grado extremo de pobreza es una minoría. Eso explica los casos de Brasil  y de otros países del Cono Sur con más del 30% de población muy pobre donde la izquierda política ha sido factotum de un alto crecimiento económico y de una mejor distribución de la riqueza.
El estudio de la historia ha demostrado que la ambición sin límite, la necesidad de enriquecerse y la ostentación siempre han sido parte de la naturaleza humana, aunque hayan existido unos pocos ricos que puedan llevar la riqueza con modestia. Asimismo se ha demostrado a través de la historia que siempre han sido los nuevos ricos quiénes sienten la necesidad de exhibirse. Esta es una condición humana que no ha cambiado a través de los miles de años de existencia de la civilización humana.

FIN DE LAS IDEOLOGIAS. Ahora mismo existe una enorme confusión en la mayoría de los ciudadanos del mundo de muchas naciones que se ostentan democráticas porque pretenden elegir a sus líderes políticos mediante el voto, ya que los electores no pueden comprender que a pesar de las ínfimas diferencias ideológicas y conceptuales que existen en la actualidad entre los diferentes partidos políticos, los dirigentes políticos no quieren cambiar el sistema de partidos y por diferentes métodos crean un enfrentamiento  constante entre los diversos sectores de electores. Si acaso difieren es en temas que no forman parte de las decisiones políticas del Estado, sino de las decisiones personales del individuo, como la homosexualidad, el aborto y los matrimonios entre personas del mismo sexo.

LA LUCHA POR EL PODER.- Se plantea entonces la irracionalidad de crear enemigos políticos entre los ciudadanos de una misma nación aunque no tengan diferencias ideológicas y culturales. Esto conduce al análisis científico de la historia en el que se hallará que esta confrontación o lucha por el poder ha sido parte integral de la vida política del ser humano desde el inicio de la sociedad tribal, aún cuando en los tiempos modernos se hayan creado instituciones y normas internacionales que intentan canalizar en paz las diferencias.

Según algunos estudiosos del comportamiento humano a través de la historia, el intento de terminar con ese conflicto secular es una idea malévola que nunca  podrá acabar con esa discrepancia entre los humanos, pero si es posible que destruya esa confrontación social permanente que es el elemento más valioso para la preservación de la civilización y la búsqueda del progreso. Cuando la sociedad adopta ciertos paradigmas que son válidos para toda la humanidad, eso se traduce en un ejercicio político sin pasión que tiende a alejar al individuo de la actividad política que ha sido el elemento fundamental del progreso y de la preservación del género humano.

LA SOCIEDAD SUSTENTABLE.- El problema toral de la actividad política es lograr producir más riqueza y que ésta alcance al mayor número de personas, sin que se destruya el equilibrio de la naturaleza. Este propósito es muy difícil de alcanzar, tanto por el egoísmo, la envidia y demás pasiones negativas del ser humano, pero puede lograrse mediante la aplicación libre y democrática de la mayoría de los desarrollos científicos y tecnológicos en beneficio de la sociedad humana. Este fenómeno cultural y político ya se lleva a cabo en algunas naciones anglosajonas y ahora mismo está apareciendo en algunas naciones hispanoparlantes con el nombre de ‘tercera cultura’.

EL USO SOCIAL DE LA CIENCIA.- Gran parte de estos nuevos desarrollos científicos y tecnológicos de los grandes investigadores de la tercera cultura se han convertido en cambios vitales para muchos países desarrollados y ahora mismo lo estamos intentando en México a través de un organismo no gubernamental al que hemos denominado sesgo.org y está buscando los canales de divulgación que le permitan acercar esos conocimientos a los dirigentes políticos mexicanos para beneficio de todos los ciudadanos, sin distingo alguno de credo, ideología o clase social.