Categories
Artículos TERCERA CULTURA

Libertad o indefensión aprendida

                        

La palabra autonomía es intercambiable por la de libertad, ambas llevan implícita la capacidad del individuo de escoger entre una variedad de opciones. Los sistemas autoritarios restringen estas opciones como por ejemplo la libertad de trasmitir nuestros pensamientos en forma oral o escrita. Pero ante todo la libertad es el fruto de una vigilancia diaria, de una lucha continua para establecer imperativos morales y de una crítica puntual de nuestra vida en sociedad. Las democracias nos dan esta y otra muchas opciones como la libertad de tránsito, de credo o religión, de votar y ser votados en elecciones por sólo citar algunas. Las opciones que tomamos producto de esa autonomia, algunas son racionales otras intuitivas y hay algunas, quizá las más numerosas, que llegan a ser automáticas, como cuando entramos a un supermercado y compramos la banana de Chiapas o el café de Cordoba sin pensar, porque tenemos mentalmente ubicado el estante del supermecado. De acuerdo con el Neuropsicólogo Carl Zimmer es el Zombie que todos llevamos dentro del cerebro, el que controla estos actos automaticos.

Ocasionalmente se da el caso de que las demasiadas opciones puedan paradójicamente producirnos un dilemma de elección e inclusive cierto estrés(Barry Schwarts), pero esto siempre sera preferible a tener muy pocas o cero opciones. La privación de la libertad es la más temida de todas las situaciones que puede experimentar un ser humano por que es la negación de todas las opciones. Es por esto que Engelhardt ubica a la autonomía como el primero de los fines de las sociedades democráticas.

La indefención aprendida es un concepto, cuya paternidad se debe al Neuropsicólogo Martin Seligman y su desarrollo como tal se inicia en l967 en la Universidad de Pensilvania, en el se establece que los individuos pueden desarrollar un estado de derrotismo permanente cuando se les priva de todas las opciones viables. El estudio de este fenómeno en animales y sus posibles repercusiones en el campo de la antropología social (Jane Mayer, The Dark Side 2008) son interesantes y reveladoras, particularmente en el análisis de los casos de maltrato de prisioneros como se dice ocurrió en Guantanamo. En este tipo de violencia sin control como el secuestro que todos los días se vive en México, el individuo y la sociedad escriben un nuevo capítulo de la cultura de la ilegalidad:el de la indefensión colectiva.

Seligman realizó estudios en los cuales dividía en tres grupos a los sujetos de experimentación, en este caso perros: en el primer grupo se entrenaba a los animales a escapar de un castigo (se les condicionaba para que aprendieran como evitar un choque eléctrico moviendo una palanca con el hocico para evitar el castigo); en el segundo grupo, los animales aprendían en un medio ambiente cambiante a buscar alternativas para evadir algunas veces el castigo; y en el tercer grupo los animales aprendían que no importaba lo que hicieran siempre recibian el castigo; en estos últimos animales el neuropsicólogo entrevió que su conducta de sumisión total se podía considerer un estado nuevo que lo denominó indefensión aprendida. Los estudios de Seligman se realizaron en la misma época que el famoso psicólogo B.F.Skinner habia diseñado la cámara de condicionamiento instrumental abriendo un campo nuevo de la psicología: el conductismo. Los animales cautivos en estas cámaras de condicionamiento, cuando se sabían irremediablemente indefensos eran afectados en sus sistema inmunológico y la habituación al castigo producía en ellos un estado de apatía y tristeza semejante a la depresión de los seres humanos. Esta subyugación impuesta por el experimentador sólo terminaba cuando este suspendia el experimento. Podría decirse que los animales en el tercer grupo se habían habituado al castigo sin oponer resistencia, algo semejante ocurre a las personas que han sido secuestradas.

El secuestro produce daños graves aun cuando el afectado sea liberado, el más común es el llamado estrés postraumático. Micheal Meney de la Universidad de McGill practicó estudios en cerebros de niños y jóvenes que se sucidaron y que fueron sujetos a abuso sexual con o sin secuestro prolongado, encontrando en ellos alteraciones severas de ciertos receptors de las nueuronas (los receptors de glucocorticoids una variedada de cortisona) que nos protégen del estrés. Este concepto de Indefensión aprendida no debe confundirse con el síndrome de Estocolmo, en donde la persona retenida contra su voluntad desarrolla una reacción psicológica de complicidad con sus captores para no ser lesionada, como fue el caso de Patricia Hearst nieta del magnate del periodismo estadounidense Randolph W. Hearst quien después de ser liberada por sus secuestradores (El ejército Simbiótico de Liberación) se unió a ellos.

Mi director de tesis en la Universidad de Montreal, el Profesor Herbert Jasper por los años sesenta comparó al fenómeno fisiológico denominado habituación con un tipo de apredizaje negativo donde el sujeto después de un tiempo “aprende” a olvidar el estímulo (más no sus consequencias) si este es repetitivo por un tiempo prolongado. En 1962 el afamado Dr. Hans Selye uno de mis maestros en la misma Universidad inició su trabajo seminal sobre el estrés y definió este proceso en un monumental trabajo de patología experimental en el cual yo estuve perifericamente involucrado a nivel de becario. Esta palabra, quizá una de las de mayor uso en el lenguaje cotidiano, implica sobrecarga y con ella el profesor Selye tradujo las etapas por las que puede pasar un sujeto durante este proceso, que se inicia con el síndrome de alarma pasando por el síndrome general de adaptación hasta terminar si el estimulo negativo persiste en la enfermedad o la muerte, resultando ambas de la incapacidad de resistir esta sobrecarga de estímulos.

En suma la exposición prolongada a estímulos nocivos puede llevar al desgaste de los sistemas protectores contra el estrés después de un largo periodo de habituación o aprendizaje negativo, y podríamos decir metafóricamente, que funde las “pastillas” de protección (neuroreceptores) del cableado neuronal de nuestro cerebro produciendo dos tipos de daños: los mediatos que se manifiestan con depresión, melancolía y tristeza, y los tardíos que forman huellas en los casilleros de nuestra memoria (el hipocampo que forma parte del lóbulo temporal), que cada vez que los recordamos nos inflingen intenso dolor mental que puede conducir al estrés postraumático en el menor de los casos o al sucidio en el peor.

De los experimentos en animales de Martin Seligman, se hicieron extrapolaciones a los humanos, encontrándose que estas podían no sólo circunscribirse a un trastorno neuropsicológico que afecta a un individuo en particular, sino también a conductas anormales en muchos individuos si son sometidos a un estrés permanente como el que se observa en la pobreza extrema que se ayunta con toda clase de privaciones incluyendo muchas veces las afectivas. Estudios antropológicos sobre la pobreza han revelado desde la publicación seminal de Sinclair Lewis “Los hijos de Sanchez” que existe lo que pudieramos decir un fase inicial de la indefensión aprendida entre las clases marginadas que se caracteriza por apatía , indolencia y desesperanza que les transmite, y ahora sabemos científicamente por qué (alteración del gen que modula la mono amino oxidasa A encargada del metabolismo de la dopamina, el neurotrasmisor crucial para regular los estados de ánimo. Cuanso la MAO-A se encuentra disminuida el sujeto aumenta su agresividad) un estado de tristeza que se ha denominado taciturno y que va acompanado de un fatalismo, donde parecen no encontrarse salida a la precariedad de sus vidas. En esta primera fase de desbalance emocional el individuo se vuelve más agresivo y recurre al gregarismo con sus pares en desgracia, generando las pandillas donde hay siempre en cada miembro que le brinda apoyo, una suma logarítmica de su propia agresividad que muchas veces de estar introyectada se proyecta con ira hacia afuera y se ve potencializanda en el grupo que le da lo que la sociedad le negó: inclusión y la urgencia de encontrar en la asociación delictuosa con otros marginados; su desquite.

Esta parece ser la causa de esa violencia demencial, que se ha vinculado con un gene especial llamado “Warrior Gen”, gen guerrero que hace al marginado más proclive a volverse criminal, debido a los bajos niveles de MOA-A que controla los neurotransmisores Dopamina y noradrenalina. Si agregamos a estos individuos que tienen cerebros mal diseñados por mala nutrición y el crecimiento en medios violentos de hogares disfuncionales, entonces tendremos una mezcla incendiaria. Esto nos tocó comprobarlo hace 15 años en el Consejo Tutelar de Menores Infractores, donde estudiamos las patologiís de estos jóvenes desde el punto de vista psicológico y neurológico, encontrando graves desarreglos en las conexiones cerbrales de los lóbulos frontales (mediante pruebas psicológicas como la de Wisconsin) que es el asiento donde se realiza la selección de opciones y el núcleo de la amigdala en los lóbulos temporales que manejan la agresividad y sus emociones paralelas como la ira y la capacidad destructiva.

Estudios de criminales que están en la fila en espera de la pena de muerte por los crímenes más excreables, han sido estudiados con la resonancia magnética funcional encontrándose graves fallas de interconección entre la oficina ejecutiva de sus cerebro, es decir la corteza orbitofrontal, y la parte de su cerebro límbico que maneja las emociones es decir la amigdala.

Son estos chavos banda, excluidos de todo, los que encuentran sentido de pertenencia en esa minisociedad de la anarquía que no es otra que la pandilla, como los Aztecas y las Maras. Es en este entorno donde desbordan su agresividad con los peores tipos de crímenes como es el caso del Ponchis un adolecente de 14 años que fue aprendido recientemente y quien desde los doce años asesinaba a sus víctimas decapitándolas. Es entonces cuando este paria, si se le proprciona una arma, buscará vengarse de de la sociedad y los individuos que la representan inflingiéndoles particularmente si ostentan su poder o su dinero, el máximo castigo que es el secuestro o incluso la muerte.

El aspecto más importante de esta disquisición neurofisiológica es una proyección de eso que está viviendo la sociedad Mexicana que parece desafortunadamente resignarse con la misma sumisión a veces de los secuestrados o con la desesperanza de aquellos que no ven salida al final del tunel. Los humanos podemos aprender sólo de observer a otras personas (cosa que no ocurre en animales) que están siendo sometidas a estímulos negativos la indefensión, (Gotlib &Beatty 1985) que puede condicionarnos como sociedad a un peligroso proceso de “indefensión aprendida colectiva” que drena día a día, nuestros mecanismos de protección para el estrés y donde corremos el peligro de sentirnos todos secuestrados como es el caso en Cd. Juárez donde grupos de activistas salen a las calles con cartelones de “Todos somos Juárez”, trastocando así nuestro entorno social, factor esencial para nuestro bienestar individual. Esto puede iniciar alteraciones de nuestro cableado cerebral para sobrevivir a esta debacle, uno de ellos es volvernos menos sensibles a los hechos violentos que día a día vemos en la Televisión y otro aceptar resignados la derrota de la sociedad pensando que no se compondrán las cosas en el futuro. Esta desesperanza es contagiosa y se esta volviendo endemica en el pais.

Es por eso que la sociedad civil aplaude las nuevas leyes con penalizaciones mayores para aquellos que secuestran a las personas, particularmente si las lesionan. Pero la sociedad civil debera hacer más, por lo que propongo cinco recursos que podrían implementarse para tartar de controlar esta violencia en un plazo de cinco años. El primero con la ciencia a nuestro alcance. Sabemos que las memorias negativas que tanto dolor mental producen a la víctima pueden ser borradas o atenuadas (Karim Nader,2009) a través de dos maneras: farmacológicamente usando beta bloqueadores como el plan piloto que iniciamos hace 15 años en el Consejo Tutelar y que desafortunadamente después de la salida del gobierno de Socrates Rizzo se suspendió; o mediante lo que se llama entrenamiento cognitivo que pretende expulsar el Zombie que traemos en nuestro cerebro y entronizar en su puesto a la actividad racional para lo cual se require un cerebro que no esté fallido. El Segundo depende de las nuevas tecnologías para detector mediante un frotis el gene de la MAO-A y ver si está disminuido en el cromosoma . Y, si así fuera poder separar en los centros de detención y de rehabilitación aquellos jóvenes con los niveles más altos de agresividad para ser tratados. El Tercero: crear centros de rehabilitación con técnicas cognitivas que incluyen la reconsolidación de memorias o planificación de las mismas, para que los niños de la calle y chavos banda que son la material prima humana de que reclutan los cárteles puedan reeducárseles con valores y agruparlos en clubes como se ha hecho en Bogota, Curitiva y Praga, donde maestros de música, pintura y educación física, seleccionan por edades, no sólo a los que ya han cometido crímenes sino también a los menores infractores potenciales y proporcionarles a través de la música, pintura (grafiteros) y grupos de gimnasia y equipos de Futbol; los mecanismos fisiológicos capaces de aumentar las endorfinas que les dan sensación de bienestar contrarrestando así los niveles bajos de MAO-A. Es así que a estos jóvenes al ingresar a estos clubes, también se les ofrece el sentido de pertenencia que la sociedad hasta ahora les ha negado. Cuarto: crear la sociedad civil un fondo con bolsas especiales para reeducar estos jóvenes y conseguirles trabajos que van desde mínmos en circos de la calle como los que se iniciaron en Montreal que dieron origen al “cirque du soleil” o de tipo artesanal como los de carpintería o alfarería que desde hace décadas se han instrumentado en los consejos tutelares de menores y en las prisiones en general. Quinto, y quiza la mas importante: buscar disminuir la pobreza en forma acelerada como lo está haciendo Brasil en los últimos cinco años, dedicándole cada año un uno porciento de un iva progresivo hasta llegar al 21%, pero que su manejo no sólo esté en manos de profesionales sino además que sea ultraescrupuloso y meritorio.

En el fondo de esto, salta a la vista el común denominador: tartar de erradicar la corrupción que es la base de todas estas atipias de antropología social, recordando las palabras de Gandhi, “la pobreza es la más radical de las formas de violencia” y haciendo eco de las palabras del sociólogo Americano Harrison White que nos dice que “cuando empieza a fallar la cultura o la identidad politica(en una nación) para motivar las metas deseadas (en su población) con los fines apropiados, la habilidad de la colectividad para tener una correcta percepción sufrirá irremediablemente”. Lo anterior deberá ir aunado con un verdadero líder que piense sobre el gran bien común a largo plazo y que tenga tres atributos básicos que debe poseer un estadista: La primera y mas importante función estar bien conectado a la realidad que circunda a su pueblo. La segunda ser incorruptible y portador de imperativos morales, y la tercera rodearse de los mejores cerebros para llevar a feliz puerto este ambicioso proyecto que aunque parezca a primer lance utópico es impostergable su realizacion.

(Imagen tomadas de Internet / Derechos reservados por el autor)