La Modernidad Líquida

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Hace unos días, con más de 90 años de edad, murió con entera lucidez el notable pensador judío-polaco Zygmunt Bauman, quién es el creador del concepto de la ‘modernidad líquida’ a partir de los años 70’s del siglo pasado. Desde una visión sociológica Bauman define con ese término la condición transitoria y la desregulación de los mercados, así como trata de dar cuenta de la pobreza de las relaciones humanas en una sociedad individualista y privatizada que está marcada por la condición volátil y transitoria de las relaciones entre las personas mediante el uso de las redes sociales.

Decía Bauman que en la actualidad el amor falta, no hay responsabilidad hacia el otro y se reduce al vínculo sin rostro que ofrece la Web. El ser humano actual flota sobre las olas de una sociedad líquida que cambia cada día y se vuelve más imprevisible debido a que el Estado de bienestar está en plena decadencia. En la modernidad líquida ya no existen las certezas de los hombres que lucharon durante la Ilustración para lograr libertades civiles y deshacerse de la tradición, sino que ahora están frente a la obligación de ser libres con los miedos y las angustias existenciales que implica la libertad. De modo que en esta nueva época desaparece por completo la previsión del futuro.

Aunque las redes sociales son muy eficientes para acaparar la atención, en virtud de su carácter fluido y de su volatilidad (liquidez) no son apropiadas para configurar un discurso político. Uno de los términos que más utilizan las redes sociales es el de ‘precariado’. Un neologismo que combina el adjetivo de ‘precario’ con el sustantivo ‘proletario’ que puso en circulación el profesor de la Universidad de Londres, Guy Standing y Bauman utilizó en su discurso muy a menudo, al grado que terminó siendo un defensor de ese grupo del ‘precariado’ que tanto le ha aplaudido en la hora de su muerte y que se ha convertido en una comunidad social en formación.

Desde la metodología marxista ‘el precariado’ sería una clase en sí que aún no es consciente de su fuerza, una clase peligrosa que crece rápido y que no cuestiona las diferencias entre izquierda y derecha y cree que la responsabilidad de su situación corresponde al ‘establishment’ o sean ‘los de arriba’ y por eso fue que Bauman estuvo tan cerca de ‘los indignados’. El precariado carece de la identidad basada en el trabajo cuando tienen empleo, pero su empleo no es del tipo que permite una carrera profesional, de modo que no disponen de memoria social y parecen pertenecer a una agrupación meramente ocupacional.

Sobre ellos no flota ‘la sombra del futuro’ ya que este precariado tiene una característica que Bauman llamaba ‘la globalización negativa’. Este grupo se desarrolla como una nueva tendencia social con las herramientas de las redes sociales que utilizan para compartir la experiencia de esa situación y en ocasiones para competir entre ellos mismos. Estos son los elementos que conforman la ‘modernidad líquida’ que ha sido el concepto que hizo famoso a Bauman.

De modo que la modernidad líquida sería aquel período de la historia en la que se iban a dejar atrás los temores que dominaron la vida del pasado y los ciudadanos iban a poder controlar sus vidas. Pero nada ha sido así y se vuelve a vivir una época de miedos en la que el temor a los desastres naturales o a las catástrofes del medio ambiente se une al pánico ocasionado por el terrorismo indiscriminado y a los poderes fácticos de la economía y de la política.

Bauman repetía siempre que nuestra sociedad triunfalista era como la historia del Titanic, donde todos suponían que en algún punto del futuro los aguardaba un iceberg contra el que iban a chocar y morir acompañados del ritmo brillante de una composición musical. Decía Bauman que las redes sociales esconden una trampa, ya que el asunto de la identidad propia ha sido transformado de algo que ya existía a una tarea donde el ser humano tiene que crear su propia comunidad. Pero las redes sociales no pueden crear una comunidad, sino, en todo caso, un sustituto de ella.

Bauman pensaba que Facebook, Twitter o cualquier otra plataforma de la web puede añadir o quitar amigos y contratar a la gente con la que te relacionas y hacerte sentir un poco mejor, ya que la soledad es la gran amenaza de esta época de individualización y la persona logra relacionarse sin tener habilidades sociales, pero eso es una mentira, ya que la única forma de desarrollar relaciones sociales es cuando el individuo anda en la calle y se encuentra con gente con la que realiza una interacción razonable.

Decía Bauman que las redes sociales no enseñan a dialogar porque es muy fácil evitar las controversias. La mayoría de las personas las usan para encerrarse en zonas de confort donde ‘el único sonido que escuchan es el eco de su propia voz y lo único que ven son los reflejos de su propia cara’. Concluía Bauman diciendo que las redes sociales eran muy útiles, ya que daban servicios muy placenteros, pero eran una trampa. En los hechos son el espacio de una vigilancia voluntaria hecha por uno mismo que es preferible al espionaje que realizan las agencias profesionales de la materia.

Adenda: Lo que aún no sabemos es si la modernidad líquida de los próximos años utilizará a las redes sociales y a todas las demás herramientas del nuevo mundo digital para crear una sociedad humana más integrada y más alegre o simplemente continuará su función de ir separando cada día más a los seres humanos creando odios y rencillas entre ellos.