La Mentira en la Política

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En el pasado mes de diciembre, en la sección del caricaturista Joe Dator del diario The New Yorker, se expresaba que si la realidad queda al margen del debate político, la política queda en manos de demagogos y de fanáticos. Ahora mismo, cuando las redes sociales permiten la difusión inmediata de la información se genera una situación donde la gente vive en burbujas informativas. Ya que se acude al Internet con el propósito de reforzar una opinión ya existente y no para formarse una nueva opinión. La gente visita sitios de noticias, blogs y versiones de Facebook para confirmar su personal punto de vista comentándolo con personas afines, lo que ahora se conoce como ‘echo chamber’.

La empresa de investigación Buzz Feed descubrió que los sitios de noticias de los partidos políticos tuvieron en este año pasado más repercusión en las redes sociales que los medios informativos tradicionales. De hecho, la creación de contenido partidario falso y sensacionalista ha resultado ser un particular nicho de mercado explotado por un grupo de adolescentes macedonios, cuyos sitios de noticias falsas resultaron tener un éxito considerable. Aplicaron el ‘click bait’ al terreno político y el sesgo de confirmación y las redes sociales hicieron el resto.

Es probable que la sorpresa provocada por el triunfo de Trump y el Brexit hayan generado todo este debate sobre la ‘post-verdad’ y las noticias falsas divulgadas en las redes sociales. De modo que los analistas políticos se han lanzado a escribir sobre este nuevo filón mediático. Si el diccionario de Oxford eligió el término ‘post-verdad’ como la palabra del 2016, se puede recordar que Stephen Colbert había elegido en el 2005 el término ‘truthiness’ para referirse a los mitos creados por George W. Bush durante su período de gobierno. Cuando consideraba su visión personal de la realidad y no los hechos y la racionalidad como la base de sus principios para gobernar.

De hecho, el uso de las mentiras como argumentos políticos no es nada nuevo. Lo mismo hizo Hitler a principios de los años 30,s, luego lo hizo Franco entre los cuarentas y los setentas, así como Castro en Cuba desde hace más de 50 años hasta los días de hoy. Por fortuna, el conocimiento puntual de estos tres casos tan conocidos nos hace entender con facilidad que la mentira ha sido la base fundamental para defender a los dictadores y a los gobiernos de psicópatas que siempre han existido.

Según la prestigiosa revista ‘The Economist’, la actual conducta de Trump señala un hito importante en el surgimiento de lo que se ha llamado política de la post-verdad en la cual no importa si lo que se dice sea o no verdad, sino que basta con que las declaraciones se perciban o se sientan que son verdad (‘feel true’). Ya que lo importante son las sensaciones personales y no los hechos.

Recordaba The Economist en diciembre pasado las declaraciones de Trump señalando que en muchas ciudades de EUA los crímenes habían llegado a cifras récord, cuando la realidad muestra que se han mantenido estables durante los últimos 15 años. Aunque mencionaba que Trump no era el único exponente actual de la política post-verdad, sino que el hecho también se ha producido en Inglaterra, durante la reciente campaña sobre el referéndum que decidía la permanencia o salida de Inglaterra de la Unión Europea. Los partidarios del sí esparcieron la idea de que la membrecía en la UE le costaba a Inglaterra 470,000 USD a la semana y esa cifra se debería gastar en salud pública, ya que de seguir así vendría una avalancha de inmigrantes por el inminente ingreso de Turquía a la UE. Siendo falsas ambas informaciones.

Aunque todo el mundo conoce que es inmemorial el uso de la mentira en la política, la gran diferencia entre las mentiras de ayer y las de hoy es que en el pasado se decían para encubrir una verdad que no se quería hacer del dominio público, mientras que ahora no sucede así, sino que las mentiras se lanzan porque suenan correctas o porque se piensa que deberían ser la verdad. El problema es que cuando existe tanta diferencia entre la realidad y lo que la gente cree, surgen toda clase de teorías conspirativas.

Según The Economist, el mayor ejemplo actual en Europa del uso de la mentira sería Polonia y su partido ultranacionalista que ahora tiene el poder. Sus dirigentes han establecido la idea de que los líderes post-comunistas del país estaban coludidos con los antiguos dirigentes para manejar a Polonia entre ambos. Pero no cabe duda de que Rusia es la que más ha avanzado en este tipo de política junto con Corea del Norte. En la reciente crisis de Ucrania los medios oficiales aseguraban que no había soldados rusos en ese país a pesar de que habían pruebas muy visibles de que ahí estaban. Por lo que algunos analistas políticos señalan que la política de Putin se puede resumir con la frase ‘nada es verdad y todo es posible’. A diferencia de la época de la URSS que cuando el gobierno mentía intentaban presentar prueba que sustentaran las mentiras, pero ahora solo se dicen cosas y se ‘crean realidades’.

Según el Nobel en psicología Daniel Kahneman, en la realidad los seres humanos no buscan la verdad, sino que realizan un ejercicio en el que se trata de evitarla. Ya que las personas tienden a creer en la información a la cual están expuestas y buscan evitar los hechos que los fuerzan a que su cerebro trabaje con mayor intensidad. Y en algunos casos la confrontación con la realidad los lleva a aferrarse más a sus falsas creencias.

Para The Economist, muchas de las redes sociales no se consideran como prensa, por lo que la gente no se siente llamada a realizar un control de la información que circula por ‘internet’. De hecho, muchos han llegado a pensar que ya pasó la era del periodismo objetivo y afirman que la política de la post-verdad ha llegado para quedarse por muchos años, por lo que se puede convertir en una seria amenaza para el futuro inmediato de la democracia.