¿Qué hay detrás del triunfo de Trump?

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Justo después de los procesos electorales de noviembre 8, la generalidad de las opiniones de los medios de comunicación masiva y de los principales analistas políticos del mundo han sido de que hubo una reacción de los grupos fundadores étnicos anglosajones en contra de las minorías multiétnicas de inmigrantes que han invadido a los Estados Unidos durante el último siglo y se han ido apoderando de las principales fuentes de trabajo existentes.

Aunque se parte de la base errónea de que el proceso electoral de los norteamericanos es totalmente libre y democrático. Cuando en realidad se trata de una manera de ver el ejercicio de la democracia representativa desde un punto de vista totalmente obsoleto, donde las pequeñas instituciones de cada Estado son las que operan, desde un punto de vista personal y subjetivo a los organismos privados que controlan el voto electoral, generando un mecanismo de elección muy lejano a un proceso libre y democrático.

Pero al margen de ese grave defecto que han tenido los procesos electorales de los Estados Unidos desde las elecciones de sus primeros Presidentes hacia fines del siglo XVIII, en los días previos al actual proceso electoral hubo un evento encabezado por James Comey, el director del FBI que cambió por completo la dirección que llevaban las tendencias de voto de los electores en favor de la Clinton. En dicha declaración se especulaba sobre una posible violación de los códigos de seguridad en los correos electrónicos de la Sra. Clinton. Aunque Comey reconoció un par de días después de su denuncia que estaba equivocado, el efecto ya se había logrado y la Clinton perdió muchos estados que siempre habían sido demócratas.

Mediante este inesperado cambio de candidato que propició el Departamento de Inteligencia del Pentágono se pueden plantear varias hipótesis:

1.- Que efectivamente los Clinton habían realizado acciones peligrosas para la seguridad nacional de los Estados Unidos, por lo que ya no presentaron disculpas ni explicaciones posteriores, sino simplemente decidieron aceptar el orden institucional que señaló el Pentágono.

2.- Una segunda hipótesis podría ser que los actuales jefes del Pentágono se hayan planteado la grave crisis que representaría para Washington y para ellos mismos el retiro de sus inversiones y de sus efectivos bélicos en la mayoría de las 761 bases militares que tienen en decenas de países del mundo y con un costo de operación anual de 690,000 millones de dólares. Este retiro masivo de muchas bases militares ya había sido planteado por Obama, aunque en los últimos días, por razones desconocidas parecía haberse retirado de dichos planes y se había concretado a aceptar un retiro con un equipo oficial de seguridad y con un buen nivel de lujos domésticos.

3.- Una tercera hipótesis sería que al no lograrse la reactivación de la economía norteamericana, ni de la Unión Europea, una solución podría ser la de plantear una guerra con límites territoriales claramente especificados y con el control de armas nucleares y de destrucción masiva. Dicha guerra sería en contra de sus principales enemigos tradicionales encabezados por Rusia y de esta forma continuar con su estrategia del siglo XX de liderar guerras lejos de su territorio para reavivar sus grandes activos de la venta de armas, de combustibles, de inversiones en los territorios dañados por la guerra y de las empresas de mercenarios que son propiedad de los dueños del Pentágono.

El hecho es que los altos dirigentes del Pentágono no creen que Trump sea la persona adecuada para dirigir a los Estados Unidos, pero no hay duda de que tienen la plena seguridad que desde esa siniestra Agencia de Seguridad Nacional podrán manipular o simplemente aplastar a quién sea el Presidente en turno. Una situación que prevalece en los Estados Unidos desde que salió Franklin D. Roosevelt de la Casa Blanca.

Adenda: En una gran potencia mundial en plena decadencia, como es el caso de los Estados Unidos es muy difícil predecir lo que le va a suceder en el corto plazo, ya que a final de cuentas está gobernado por una caterva de individuos creados en el servicio militar, donde se les hace pensar que son los mejores soldados y los más éticos del mundo.

Mientras que el resto de quiénes gobiernan son megalómanos, xenófobos y narcisistas como Trump, cuya única ambición es el dinero y los bienes materiales que se compran con dinero. Además consideran que los poderes divinos y el resto de los seres humanos deben estar a su servicio. De modo que no veo ningún problema para que Trump sea controlado por maniqueístas similares a él, aunque no se note tanto porque además son hipócritas.