El Renacimiento Carolingio

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Carlomagno fue rey de los francos desde el año de 768 y luego fue nombrado emperador en el año 800. Su reinado terminó con la muerte de su hijo Ludovico Pio en el 840. Su reino abarcaba desde Alemania, Suiza, Austria, además de los países de Bélgica, Países Bajos (Nederland) y Luxemburgo. Finalmente también tomó una parte de Italia. El Renacimiento Carolingio aconteció cuando Carlomagno reclamó la hegemonía romana, sobre todo del Antiguo Imperio Romano con dos ideas básicas: expandir la fe cristiana y llevar a la Cultura a mejores niveles de los que entonces habían.

Fue entonces que transformó a la ciudad de Aquisgrán, en el oeste de Alemania en el centro cultural más importante de su reino y pidió el apoyo de la Iglesia y de las personas más influyentes para reforzar su poder político. Asumió un doble papel al unir la religión con la política, como lo había hecho su antecesor Justiniano, de modo que los clérigos cumplían funciones administrativas del estado imperial.

Fue entonces que la Cultura salió de los muros de los monasterios para crear escuelas catedralicias que incluían al propio palacio de Aquisgrán. Se fundaron bibliotecas cuyos libros procedían sobre todo de España, Italia e Irlanda. En Aquisgrán se construyó un palacio que estaba formado por un conjunto de edificios políticos y religiosos que fueron construidos en la última década del siglo VIII y siguieron haciéndose hasta la muerte de Carlomagno en el 814. Dicho palacio fue centro de actividades literarias, donde la escuela palatina educaba a los hijos del emperador y a los hijos de la aristocracia que luego sirvieron a la monarquía.

Se conoce como arte carolingio a las manifestaciones artísticas que se produjeron en los territorios gobernados por la dinastía carolingia, desde mediados del siglo VIII hasta las tres últimas décadas del siglo IX, cuando reinaban Pipino el Breve y Carlos el Calvo. El arte carolingio se convirtió en un instrumento de propaganda y le dio nuevos horizontes al arte occidental que parecía estar en decadencia. Entonces se produjo un florecimiento que empezó a erigir un estilo arquitectónico propio.

Con los artistas de Rávena y la influencia de la arquitectura bizantina se logró establecer un nuevo y ambicioso proyecto con el uso de materiales como el mármol, la piedra y la madera junto a los restos de antiguas construcciones. Las principales edificaciones fueron monasterios, palacios y criptas como la Iglesia de la Abadía de Corvey, la Cripta de San Germán de Auxerre, el Grupo Episcopal de Metz, la Iglesia de la Abadía de Saint Riquier y varias más. Estas edificaciones tenían influencias del arte románico, donde abundaban los ábsides contiguos, el arco peripaño (de tipo estructural), el crucero con la denominada torre linterna y las torres de madera. También se creó el ‘deambulatorio’ que consistía en un pasillo ubicado atrás del altar que alargaba a las naves laterales de las iglesias.

En las artes plásticas se desarrollaron tanto temas sacros como profanos. Basados en los modelos de la antigüedad clásica y el arte bizantino, el personaje principal se sentaba sobre un banco alargado y cómodo que se ubicaba en el centro de la ilustración, marcando una simetría entre dos columnas que estaban bajo un arco de medio punto rodeado en ambos extremos por dos plantas que enmarcaban con un sentido estético una especie de ventana semejante a las de un escenario teatral que daban la impresión que en cualquier momento se podían cerrar y el personaje quedaba inerte en espera de que alguien volviera a abrirlas.

La vestimenta del personaje consiste en una túnica clásica con una postura estereotipada y rígida, al igual que su rostro y su mirada. Lo que demostraba que su concentración junto a sus pensamientos estaban dedicados a la escritura. Su brazo derecho se extendía con una pluma en la mano sobre una pequeña columna como soporte y su brazo izquierdo sostenía el libro donde escribía su texto. Sobre su cabeza había una aureola y un ave cuyas alas desplegadas delante de un sol con pequeños rayos insinuados que representaban una aureola en la parte superior. Dominan los colores cálidos como el rojo y los fríos como el verde y el azul, mientras los colores ‘tierra’ trataron de imitar el color del mármol en las columnas y en los arcos. El fondo era totalmente plano con una separación ubicada en la parte media de la composición, mostrando que solo existía un cielo de color azul en la parte superior y un suelo en color verde en la parte inferior que servía de punto de apoyo.

A pesar de que el imperio Carolingio duró solo un siglo, logró un gran legado, no solo a través de sus obras, sino en el espíritu imperial de algunos pueblos actuales que ven en la exaltación del poder divino la única salida en lo político y en lo económico, olvidando que la esencia del hombre no solo es materia, sino que también contiene espíritu. Por lo que surge la paradoja de que si en los comienzos de la cristiandad se anulaba la materia -o sea el cuerpo – para que reinara el espíritu, mientras que ahora se hace justo lo contrario, no se entiende para que ha servido esta larga lucha con más de diez siglos y que aún no termina.

Adenda: Es probable que la dimensión estética del arte carolingio haya sido muy limitada, si se compara con el arte de Europa Occidental, pero no hay duda de que la profunda dimensión política, religiosa y social que impuso aún sigue funcionando.