Vuelven los Nacionalismos en Occidente

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El Mundo Occidental vive ahora mismo un momento histórico confuso en el que se manifiestan de nuevo los nacionalismos que fueron los responsables ideológicos y sociales de las dos guerras mundiales más cruentas del siglo XX. Donde La Primera enfrentó al imperio Austro-Húngaro y a Alemania contra Inglaterra, Francia y los Estados Unidos (1913 – 1919) y la Segunda (1939 – 1945) que fue entre el Eje nazi-fascista de Alemania, Italia y Japón contra los Estados Unidos, la Unión Soviética, Francia e Inglaterra originada por los acendrados nacionalismos de Alemania, Italia y Japón.

En esa época, dichos nacionalismos fueron fuerzas ideológicas que alimentadas por los altos sectores políticos de las derechas extremas en los segmentos sociales más pobres, creando discursos de intolerancia, de miedo, de fanatismo y de odio contra los demás segmentos sociales. Estos fanatismos nacionalistas se pueden entender no solo por la afirmación excluyente de la propia identidad nacional, sino por el temor al extranjero y el odio racial contra ciertas etnias acusadas de culpas históricas que por lo general no tenían fundamento.

Parece ser que en la segunda década del siglo XXI, los nacionalismos están de regreso con su carga de exclusión, fanatismo, odios y sentimientos colectivos que son manipulados por la irracionalidad de algunas minorías que se sienten iluminadas. Lo que había sido el miedo a los rusos, a los judíos, a los polacos, a los alemanes, franceses e italianos que causó tantas muertes en Europa desde el siglo XVIII hasta el siglo XX ahora ha vuelto con el miedo a los migrantes de los países árabes y de los pobladores de diversos países islamitas.

Derivada de la crisis económica y financiera iniciada en el 2008 en el centro mundial del sistema capitalista, el conflicto va arrasando a todas las conquistas sociales de los Estados de bienestar europeos, en el contexto de una Europa actual que tiene tres grandes movimientos políticos y sociales a la vez: por una parte los efectos de la crisis económica y financiera iniciada en el sistema bancario de los Estados Unidos en el 2008, la ocasionada con el flujo hacia Europa de más de dos millones de refugiados del Medio Oriente y el fenómeno del Brexit que parece ser una señal de alarma para todo el mundo actual.

Como es sabido, Inglaterra opera en Europa, en América del Norte, en el Atlántico Sur, en el Medio Oriente y en el Sudeste Asiático. En el mapa geopolítico global, Inglaterra es una potencia mundial de primer orden que integra el campo occidental y ahora trata de retirarse con orden de la UE, pero permaneciendo en la OTAN y en el Consejo de Seguridad de la ONU. Aunque ocasionando una gran inquietud e inestabilidad en todo el mundo Occidental.

El Brexit separó a los ingleses viejos de los jóvenes cuando estaban aterrorizados por el miedo a los inmigrantes y los dejó frustrados, ya que tenían la esperanza de que la UE les abriera las puertas de un nuevo mundo tecnológico con grandes oportunidades de trabajo y desarrollo cultural para ellos. Y es muy probable que dentro de veinte años esos jóvenes frustrados se convertirán en los adultos que harán explotar a la gran mayoría de las actuales instituciones inglesas y europeas.

En este momento es impredecible el efecto que producirá el juego democrático de los referendums en los Estados occidentales, así como las consecuencias del ejercicio teórico y práctico que posee la democracia participativa de Occidente que ahora les está causando grandes problemas a todas las instituciones creadas por la democracia representativa, además de que está originando un caos impredecible en las asambleas estatales, en los liderazgos populistas y con los odios raciales.

En el presente, esas tensiones locales y regionales de inspiración nacionalista y xenófoba están estallando justo enfrente del viejo modelo político del Continente Europeo, mientras que el Brexit sacude a las bolsas de valores y a los bancos centrales y cientos de miles de refugiados tratan de entrar a una Europa en plena crisis. De modo que el nacionalismo se ha convertido en la principal enfermedad grave producida por la globalización y aunque parece que no ocasionará cruentas guerras mundiales como en el siglo pasado, si está convirtiéndose en el principal catalizador de los cambios geopolíticos globales del futuro inmediato y de la transformación de los paradigmas del ser individual y de su familia.

Adenda: Es predecible en cierto grado la fragmentación de Europa, de su sistema financiero y de su comercio interno y externo en los próximos diez años o quizá en menos. Asimismo puede contemplarse un futuro similar para los Estados Unidos y Canadá unos pocos años después, ya que en ambos países está disminuyendo el control político y económico de la población anglosajona y de sus mitos culturales. Lo que no se puede predecir es lo que sucederá con China y con la India, cuyas demografías representan más del 60% de la población mundial y cuyos sistemas políticos y sus grupos étnicos dominantes no muestran grandes transformaciones como en Occidente.