Capitalismo y Desigualdad

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Tomando en cuenta los graves problemas migratorios hacia Europa, las crisis económicas, financieras y políticas de la mayoría de las naciones de Europa, de los Estados Unidos y de las naciones de América Latina conviene traer al presente el interesante estudio económico realizado por el joven economista francés Thomas Piketty hace apenas tres años, donde hace planteamientos sobre la realidad económica de Occidente que nunca habían sido abordados por los expertos en la economía-política.

En agosto del 2013, Thomas Piketty publicó un libro de economía titulado ‘El Capital en el Siglo XXI’ dedicado en especial al estudio de la desigualdad económica en Europa y los Estados Unidos desde el siglo XIX. La piedra angular de su hipótesis es que cuando la tasa de retorno de la inversión de capital es mayor a la del crecimiento económico se genera una concentración de la riqueza que causa a la vez inestabilidad social y económica. Por lo que propone un sistema global de impuestos progresivos a la riqueza para tratar de reducir la desigualdad y evitar que la riqueza quede controlada por una pequeña élite de multimillonarios.

El libro de Piketty ha generado fuertes críticas tanto en la derecha como en la izquierda política, ya que dice que cuando el Estado no interviene para redistribuir la riqueza – tal como ha sucedido en los países de Occidente  la tasa de retorno del capital siempre ha superado a la generada por la renta, lo cual ha sido la ‘contradicción central’ del capitalismo. En su publicación, Piketty se muestra preocupado por el pensamiento económico de los economistas, quienes se ocupan mucho en supuestas recetas para curar las disfunciones más comunes del capitalismo, como el paro, la inflación, la deflación, la estanflación y la recesión. El libro de Piketty se presenta como un elemento para propiciar el debate sobre la desigualdad, basado en hechos históricos que dan una gran oportunidad al debate político.

Picketty no se declara contrario a la desigualdad constitutiva del sistema económico global, por lo que no plantea problemas, sino que conduce a una conclusión muy evidente de que el capitalismo progresa debido a la desigualdad y suele entrar en crisis por la especulación. Cuando la economía de mercado se abandona a sí misma, se genera una secuencia continua entre la desigualdad ‘constitutiva’ y la ‘excesiva’ y enfoca a esta última como la distorsión que produce el peso excesivo de la renta acumulada en el proceso de producción de la riqueza.

Dice Piketty que con excepción de los 30 años gloriosos que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, la retribución de los patrimonios aumenta en tiempos de crecimiento económico moderado con mayor rapidez que la producción y los salarios, por lo que el empresario tiende a convertirse en rentista. Razón por la cual, algunos expertos economistas, como André Comte-Sponville definen al capitalismo como un sistema económico que produce dinero a partir de dinero. Los salarios van perdiendo peso en la estructura final de las rentas y la desigualdad campea libremente. La síntesis del capitalismo es la relación entre la tasa de capital y la tasa de la renta, de modo que el pasado devora al porvenir.

El factor correctivo más eficiente – según Piketty – sería el aumentar la competencia en el mercado, pero eso depende mucho de la voluntad de los grandes líderes políticos. El hecho real es que las zonas de competencia en los mercados se van reduciendo cada día más y son sustituidas por zonas de influencia de las grandes empresas que fijan precios y condiciones para sus clientes más importantes. De modo que el poder económico captura al político y establece las condiciones en los mercados más importantes.

También Piketty propone una solución expedita para frenar la desigualdad con un impuesto progresivo sobre el capital que sea aplicado por todas las economías mundiales. Aunque la idea no es nueva, Piketty está consciente que esa propuesta requiere de gran capacidad de gestión política a nivel mundial y exigiría una coordinación fiscal entre todos los Estados que ahora no existe.

Según Piketty las fuerzas que tienden hacia la igualdad, como las ciencias y las tecnologías operan a un ritmo menor frente a la velocidad de los factores divergentes, algo similar a la entropía en los sistemas físicos. Aunque es posible reducirla de forma temporal y ordenar el sistema con decisiones políticas momentáneas, los hechos históricos demuestran que la presión conservadora de Reagan y Thatcher pusieron fin a los 30 años gloriosos posteriores a la segunda Guerra, demostrando que los actos de desorden predominan sobre los que pretenden ordenar la economía.

La obra de Piketty puede también interpretarse como un modo renovado de plantear la investigación económica, ya que la renovación no es algo necesariamente nuevo, sino que opera como una aplicación masiva de las fuentes históricas y estadísticas. Algunos otros economistas clásicos como Marx usaron las fuentes estadísticas como elementos para mantener sus convicciones. No obstante, Piketty entiende a la economía como una disciplina que forma parte de las ciencias sociales y que debe estar supeditada a la política.

A final de cuentas en cualquier sistema complejo, el diagnóstico vale poco ante la decisión, que en el caso particular de la economía siempre ha resultado erróneo.

Adenda: El libro de Piketty comprueba con cifras precisas que la renta del capital ha sido superior a la de la producción y que los planteamientos económicos del capitalismo y del socialismo han sido erróneos en los últimos doscientos cincuenta años. Por lo que es urgente plantear un nuevo modelo político-económico cuanto antes o crear una rápida regulación al que ahora existe. De preferencia sin usar la violencia.