Hacia una Recesión Mundial

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Apenas han transcurrido nueve años de la gran crisis financiera y económica mundial ocasionada por el mal manejo de las acciones inmobiliarias que eran propiedad del Gobierno en los Estados Unidos y ahora mismo se visualiza un fenómeno similar al de aquella ocasión, pero ocasionado por tres factores coincidentes, aunque diferentes a los de aquella gran crisis. En primer lugar está la guerra mundial de divisas que se ha originado por la caída de la economía china que ya no pudo sostener el ritmo de crecimiento y la demanda que originaba en los demás países del mundo en los últimos 35 años, luego está la repentina caída de las Bolsas al iniciar el año y en tercer lugar la crisis originada por la caída de los precios del petróleo que lo mismo ha tenido grandes beneficiarios como es el caso de China y grandes perdedores, como han sido los casos de Rusia, Canadá, Venezuela, México y Brasil.

Iniciando con el caso de la nueva guerra de divisas, la semana pasada el yen japonés se fortalecía frente al dólar en un 3.6%, su mayor aumento desde julio del 2009, llegando hasta los 116.7 yens por dólar. Cuando había caído en junio del 2015 hasta un valor mínimo tras el colapso de Lehman Brothers en el 2008. Pero se fortaleció hacia fines del año intensificando una deflación que ya ha durado más de 15 años. Por lo que el Banco Central de Japón se vio obligado a tomar medidas extremas y redujo la tasa de interés hasta un valor negativo. Pero hasta ahora todo el sistema financiero japonés sigue fallando.

El pasado mes de enero, los analistas de la Agencia Financiera Bloomberg advirtieron que podría ocurrir una ‘guerra global de divisas’ en el futuro inmediato y el crecimiento del valor del yen podría forzar a las agencias reguladoras a intensificar su impacto monetario y crediticio en el mercado global. Pero la guerra de divisas continúa y si el dólar estadounidense continúa debilitándose, el Banco Central Europeo y el Banco Central de Japón volverán al juego, según el jefe de estrategia macroeconómica de State Street Global Markets. De hecho desde fines de enero pasado el euro se ha apreciado en un 3.4% frente al dólar.

Por su parte, el Banco Central de Japón está dispuesto a reintroducir un impuesto sobre el consumo, si el yen continúa fortaleciéndose y la deflación de Japón empeora. Por lo que los operadores de la Bolsa están hablando cada día más de una ‘guerra de divisas’. Según George Vashenko, jefe del Departamento de Operaciones de mercado ruso, hay una serie de Estados que han decidido utilizar la devaluación de sus monedas como una forma de estímulo a sus exportaciones y a su PIB, pero muy pronto se sabrá la respuesta del Banco Central Europeo y del Banco de Japón.

Si la Fed de los Estados Unidos eleva la tasa de interés base en marzo próximo, es probable que no se requieran reacciones de los bancos centrales de los países desarrollados, ya que el aumento de la tasa fortalecería al dólar y el yuan y el euro volverían al nivel de octubre-noviembre del 2015. Aunque es probable que la Reserva Federal decida aplazar el aumento de la tasa básica y la guerra de divisas podría continuar.

Al mismo tiempo existe mucho miedo a una nueva recesión, ya que las Bolsas se están hundiendo, mientras que las primas de riesgo vuelven a surgir después de tres meses de calma. No es que se estén haciendo ajustes momentáneos a los mercados, sino que hay una alta desconfianza en los inversionistas que en cualquier momento puede conducir al pánico. Quizá la causa principal de todo este miedo de los inversionistas es que nadie cree que China llegue a recuperar el crecimiento económico que tuvo en los últimos 35 años.

Además de esta razón de fondo está la crisis del precio del petróleo, donde China fue la principal beneficiaria y la posibilidad de que el dólar suba su cotización. De modo que ambos factores combinados puedan causar una fuerte depresión en las economías emergentes. Como es el caso de Rusia y otros países europeos que están al borde de que el FMI los intervenga. Todo lo cual se conjuraría si la economía mundial creciera con firmeza y se recuperase el índice de desempleo en la mayoría de los países de la OCDE.

En el caso de que se desatara una nueva crisis, Europa sería la primera perjudicada, debido a que ya no cuenta con un gobierno unificado para atender los asuntos económicos y fiscales, además de que varios países de la Unión Europea no han conseguido reducir su endeudamiento público, de modo que si aparece otra crisis financiera, es muy probable que toda Europa entraría en otro ciclo depresivo como el que aún padece.

La gran mayoría de los expertos en economía y finanzas piensan que mientras los Gobiernos de Europa no estén conscientes de la amenaza real de la volatilidad de los mercados financieros y de lo que ello significa para sus economías, dichos Estados no podrán reconocer la urgencia de impulsar el crecimiento de la economía en la zona europea con más inversión, otras políticas fiscales y mayores estímulos para los inversionistas.

Adenda: Si a los tres factores internacionales que ahora hacen temer una gran recesión en la economía mundial se agregase el enigmático resultado de las elecciones presidenciales de los Estados Unidos y el hecho visible de que la actividad política ha quedado en manos de una pequeña élite de multimillonarios, no habría duda de que el mundo está experimentando ahora mismo un cambio radical de paradigmas, de conceptos éticos en lo individual y de su mente colectiva.

Pero lo más importante es que no se pierda de vista que casi todo se puede arreglar con excepción del equilibrio del Planeta que ya está en un límite muy peligroso y los multimillonarios que controlan la política mundial no lo consideran grave.