En Tierra de Kafka

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Hemos vuelto a la encantadora ciudad de Praga, una de las mayores joyas de la arquitectura, de las artes musicales y de las artes plásticas en Europa. Aunque sigue conservando una belleza especial por la increíble consistencia de estilos arquitectónicos en sus diferentes sectores y una calidad humana excepcional en sus habitantes, también persiste una especie de contradicción permanente en la forma de actuar de sus dirigentes políticos, quiénes, al estilo de Kafka hacen profundas obras literarias en las que los dramas suelen transformarse en comedias, sin que exista una intención deliberada en el compositor.

 

A pesar de que el actual jefe político del País Checo es una persona ilustrada con una increíble cultura histórica, aún no ha sabido como manejar el enorme turismo que es la principal fuente de ingresos del País y lo ha conservado en los sectores de la ciudad de Praga cercanos al Puente Karlov que conducen de la vieja ciudad hacia la nueva (Mala Strana y Stare Mesto) y que carecen de museos y de obras artísticas y arquitectónicas importantes. Con una falta total de orden propiciando que el tráfico por las calles se vuelva casi imposible por la inmensa cantidad de turistas desordenados que utilizan métodos de transporte muy peligrosos para los adultos y para los niños. Sin que se promueva con inteligencia la visita a ciudades aledañas a Praga donde existen grandes obras de arte que debieran ser conocidas por el turismo.

 

Como de costumbre hemos intentado visitar los principales museos de la ciudad y una interesante obra barroca en el noreste de la región de Bohemia que apenas fue reconocida como patrimonio cultural de la Humanidad hace unos cuantos años. Este pequeño villorrio de Kuks se encuentra en la margen del Río Elba en Bohemia Oriental y es sin duda la expresión más auténtica del barroco checo. El ahora famoso Hospital de Kuks fue contruído entre los siglos 17 y 18 mediante el patrocinio del Frantisek Antonin Spork entre los años de 1692 y 1724.

 

Dicho Hospital fue pensado para atender a los veteranos militares por una orden de Hermanos de la Caridad financiada por el Conde de Spork y se convirtió en uno de los elementos más famosos en el mundo del arte barroco checo. Esta maravillosa isla del barroco está inspirada en varios modelos europeos y se intenta crear la imagen de un mundo ideal donde se incluye la vida opulenta del Conde y de sus amistades aristocráticas junto con el complemento espiritual y caritativo que se otorga en un monasterio con hospital. De tal forma que los símbolos de la vida y de la muerte se confunden con el entretenimiento y la meditación en un escenario sofisticado.

 

Franistek Antonin Spork fue un aristócrata de Westfalia que había sido soldado de bajo rango en el siglo 17 y luego alcanzó el título de general imperial al mismo nivel de los ricos aristócratas. Spork había sufrido mucho durante su niñez y su juventud con la vieja nobleza que lo maltrató mucho. De modo que en su edificio en la colina de Kuks conviven acciones meritorias con sombras de su vida personal y la mayoría de los vicios contemporáneos.

 

Junto al Hospital de Kuks Spork mandó construir la hermosa iglesia de la Santísima Trinidad diseñada por el arquitecto italiano Giovanni Batista Alliprandi, muy reconocido en su época. Además de que construyó una de las primeras farmacias de la historia y una extraordinaria biblioteca con obras científicas y filosóficas. Pero no hay duda que lo más importante de todas las instalaciones de Kuks son las esculturas realizadas por el famoso escultor austriaco Matías Bernardo Braun, quién era en esa época el escultor barroco más reconocido en Europa. Como la colina de Kuks está rodeada de enormes piedras volcánicas, Braun creó las esculturas alrededor de la edificación y esculpió ‘in situ’ sobre las rocas de las regiones boscosas aledañas.

 

Adenda: Después de Praga, la colina donde se encuentra el Hospital de Kuks es quizá el sitio más importante para impulsar el turismo en la República Checa, ya que ahí se instaló un aristócrata muy al estilo de Kafka quién nunca supo con claridad que deseaba más: si ayudar a los militares retirados llenos de pobreza o burlarse de los aristócratas que habían ensombrecido su vida de niño.