Hacia un Estado sin Burocracia

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Es muy complejo el estudio sobre la ‘burocracia’ del Estado que ha sido interpretada como una práctica administrativa perjudicial para las organizaciones y para los individuos involucrados en el ejercicio del poder administrativo del Estado. Existen muchos prejuicios contra la efectividad de la labor del Estado que ocasionan la subvaloración de la burocracia y de los funcionarios estatales, aunque algunos de los cuáles sean justificados en forma superficial.

 

A través de la historia, la interpretación de Max Weber (1864 – 1920) sobre el poder de la burocracia es quizá la más seria acerca de este tema, por lo que es necesario reconsiderarla a la luz de los acontecimientos contemporáneos que definen la labor y funciones del Estado actual, donde todo se ha centrado en la desregulación estatal y en el debilitamiento de su aparato institucional, como el procedimiento idóneo para liberar la economía y privatizar la política causando cambios drásticos en las relaciones políticas entre los Estados y sus sociedades.

 

Uno de los primeros registros del término ‘burocracia’ procede de la palabra francesa ‘burocratie’ que significa el poder de los empleados del Estado fue utilizada en forma sarcástica por un ministro francés del siglo 18, durante la época de la monarquía absoluta. Aun cuando desde el siglo 16 se conocía como ‘magistratura’ y se empezaba a definir como el ‘cuarto poder’, al crecer el poder monárquico se requería más de una estructura administrativa dotada de un poder conferido por el monarca para lograr los propósitos del Estado.

 

La importancia de este aparato administrativo se expresaba en símbolos, mediante una vestimenta especial ‘le robe longe’ (vestido largo) que les daba distinción. Aunque los nobles los despreciaban, ya que percibían que su propio poder se debilitaba ante el aumento de la influencia de esta nueva ‘noblese de robe’. Ya desde el siglo 17, el príncipe Rohan de Francia afirmaba que el valor de la nobleza de ‘vestido largo’ era superior a la que ostentaba la nobleza de alcurnia.

 

Decía Ludwig von Mises (1881 – 1973) que los términos ‘burócrata’, ‘burocrático’ y ‘burocracia’ siempre se aplicaban con una connotación oprobiosa e implicaban una crítica despectiva hacia las personas, instituciones y procedimientos utilizados por el Estado. Esta implicación negativa de los términos mencionados no se reducían solo a Francia y los Estados Unidos, sino que siempre ha tenido una connotación universal. Desde un principio la burocracia no solo estaba asociada con las prácticas políticas estructuradas y complejas de los Estados, no solo capitalistas, sino en el régimen comunista de la Unión Soviética y en organizaciones estructurales públicas o privadas que son complejas. Asimismo, se califican de burocráticas las gestiones de las empresas globales que actúan en forma centralizada en función de las orientaciones que dictan sus principales propietarios.

 

Siempre han existido prácticas burocráticas similares a través de la historia, ya que aun cuando los Estados han sido diferentes, las funciones de sus administraciones están referidas a los propósitos específicos del poder y a las formas para conservarlo y reproducirlo a todos los niveles de la sociedad. Por lo que es obvio que al evolucionar el Estado la burocracia se va adaptando a los cambios. La burocracia no es un fenómeno inmanente en el devenir administrativo del Estado, sino que su presencia está asociada con su carácter político y de ahí derivan todas sus funciones.

 

En el año de 1946, Alfred Weber escribía ‘Así como los antiguos egipcios y babilonios vivían con su sistema de encauzamiento a través de la burocracia, de la misma forma se vive en la época moderna, con redes ferroviarias, de correos, de electricidad y de los demás servicio que sustentan la existencia y la envuelven en sus dimensiones gigantescas. Estos atributos de la burocracia han estado presentes en casi todos los regímenes políticos en sociedades del presente y del pasado.

 

La grandes obras de los faraones, chinos, olmecas, griegos, mayas, etc. fueron imperios burocráticos con obligaciones y tareas que rebasaban los términos de los períodos de gobierno y daban continuidad a las relaciones del poder con la sociedad y con el Estado. La consideración peyorativa contra la burocracia no proviene de una crítica contra esa forma administrativa, sino contra el propio poder del Estado. En el presente son los sectores empresariales privados y los ideólogos neoliberales quienes cuestionan a los Estados a pesar que es a través de ellos que han alcanzado sus logros y riquezas. Las diferencias atribuidas a la burocracia y al Estado solo se refieren a las intervenciones que afectan los intereses de propietarios privados, debido a que se creen seres superiores y con capacidad de imponer su voluntad a toda la sociedad en su conjunto.

 

Las demandas por los derechos igualitarios han sido luchas permanentes de asalariados contra el Estado y los propietarios de inmuebles y de empresas. Asimismo, la crítica de los empresarios en contra de la burocracia es también por el mal empleo de los recursos del Estado para paliar la pobreza y moderar la exclusión social. La crítica contra la burocracia es en realidad en contra de la función social que debiera realizar el Estado.

 

En el mundo actual de Occidente, cuando la mayoría de los Estados están en manos de particulares y van desapareciendo las formas tradicionales de comunicación entre los seres humanos a través de las palabras orales y escritas es muy factible que la burocracia disminuya considerablemente o desaparezca por completo, ya que los medios digitales pueden encargarse en forma automática de sus labores administrativas y legales. Esta posibilidad se está planteando con hechos y ya existen países que resuelven por la vía digital gran parte de sus procesos administrativos, legales y para designar a los nuevos gobernantes.

 

Adenda: Al disminuir o desaparecer la burocracia bajarán notoriamente los costos de operación del Estado o como se llegue a denominar a la institución que gobierne, propiciando una sociedad más igualitaria, más pacífica y más feliz. Ahora que la partidocracia va perdiendo vigencia en todo el mundo es el momento adecuado de intentar un Estado que opere sin partidos políticos y sin burocracia.