Educación en el Estado Democrático (2ª parte)

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Rousseau (1712 – 1778) fue un genio que creó al mismo tiempo los fundamentos del Estado y de la educación para Francia. En sus obras ‘El Contrato Social’ y ‘Emilio’ habla respectivamente de las estructuras institucionales del Estado y en como formar al ciudadano, desarrollando sus virtudes ciudadanas. Decía Rousseau que existía una profesión de fe civil cuyos artículos debían ser fijados por el soberano, así como sentimientos de sociabilidad, sin los cuáles el ciudadano no puede ser bueno ni permanecer fiel a su soberano. Los dogmas de la ‘religión civil’ deben ser sencillos, pocos, precisos y sin explicaciones ni comentarios. Los dogmas positivos son la existencia de una divinidad poderosa, inteligente, bienhechora y precavida; además de la vida futura, la felicidad de los justos, el castigo de los malvados, la santidad del contrato social y de las leyes. Mientras que los dogmas negativos se reducen solo a uno: la intolerancia.

Según Rousseau, toda pedagogía debe fundamentarse en la naturaleza del niño, de modo que la enseñanza se aplique a la conciencia del niño y no a las costumbres más arraigadas de la comunidad donde vive. La idea de ‘religión civil’ sugiere que el Estado toma en sus manos el ‘adoctrinamiento cívico’ por lo que sorprende que Rousseau rechace en su ‘Emilio’ la educación pública. Esta aparente contradicción se explica porque él siempre mantuvo una actitud crítica frente a las instituciones de su época y en particular frente a la escuela pública de Francia. Pero en el plano teórico concibió a la educación pública como un instrumento fundamental para la formación del ciudadano.

En este asunto de la evolución de la educación en Occidente casi paso por alto a John Stuart Mill (1806 – 1873) quién propuso un gobierno representativo que no era precisamente democrático, ya que a su juicio el poder lo deben detentar los hombres que cuentan con educación. Decía Mill que las personas comunes, cuya capacidad mental no está suficientemente cultivada, no pueden entender sus propios intereses, ni saben cómo impulsarlos. Llevados por la pasión y por la ignorancia actúan en contra de sus intereses reales y van en la búsqueda de los falsos valores. Aunque dio enorme importancia a la educación como valor político, se opuso a la educación pública y defendió la educación en el hogar, quizá debido a su propia vivencia de haber sido educado por la familia de su padre.

Ya en las repúblicas modernas, la educación pública se confunde con su historia. La escuela pública para formar ciudadanos mediante una educación básica gratuita comenzó a difundirse con gran rapidez en el siglo 19, aunque sus orígenes son muy antiguos. Los más visibles fueron los griegos, donde se entendía que si el Estado tenía un solo fin, la enseñanza debiera ser también idéntica para todos los miembros de la sociedad. Hubo también una educación popular en la Edad Media con las escuelas monásticas, parroquiales y catedralicias, pero el significado social de la escuela fue muy pobre en una sociedad donde la cultura era un privilegio exclusivo de los nobles. Por lo que el imperio de la Iglesia Cristiana sobre las conciencias de sus súbditos era absoluto y las ideas seculares, la herejía, la falta de fe y de piedad eran perseguidas por las brutales agencias represoras como la Santa Inquisición. Mientras que el proceso social que capacitaba a las personas para integrarse a la comunidad se realizaba en el hogar y el signo distintivo de la época era el oscurantismo

El humanismo que trajo consigo el Renacimiento fue la base para el desarrollo de la cultura moderna. La idea de una educación popular empezó a difundirse a través de los grandes cambios que se iniciaron con la invención de la imprenta en 1450 y el descubrimiento de América en 1492. Aunque el libro de texto apareció en el siglo 16, ningún señor feudal de la época lo consideraba necesario y la idea de una alfabetización general era inconcebible, por lo que la lectura y la escritura continuaban siendo un privilegio de una minoría social. Fue Martín Lutero quién abrió las puertas a la educación moderna con el regreso a las Escrituras Bíblicas y junto con Felipe Melanchton promovió la alfabetización, mediante la creación de un sistema de escuelas que luego fue continuado por grandes figuras literarias, como Erasmo de Rotterdam, Tomas Moro y Luis Vives, aunque el proceso de desarrolló con gran lentitud.

En otra vertiente de la alfabetización apareció el desarrollo de la ciencia y conforme avanzaban los siglos 18 y 19, se fue difundiendo en la sociedad y se convirtió en otro impulso muy fuerte hacia la modernidad, atrayendo la curiosidad y el interés de las personas y desarrollando el gran movimiento de la Ilustración en las clases populares. Fue Juan Amós Comenio (1592 – 1627) el padre de la pedagogía de esa época, quién mencionó por primera vez la necesidad de que la enseñanza en escuelas fuera universal y formuló los objetivos clásicos de la educación escolar que persisten hasta la fecha.

Pero el mayor impulso de la idea de educar a las masas se dio en el ‘Siglo de las Luces’ (siglo 18) a través de la cultura y las revoluciones burguesas. Fueron Voltaire, Rousseau, Diderot, Helvetius y D’ Alembert quiénes empezaron a dar una enorme difusión a la idea de que los hombres alcanzarían la prosperidad y la libertad plena a través de las luces de la razón y del conocimiento. El desarrollo de la cultura moderna en el seno del feudalismo produjo las condiciones para que la burguesía ascendiera al poder político y en el siglo 18 triunfaron las revoluciones burguesas de Estados Unidos y de Francia con la edificación de repúblicas democráticas algo diferentes e iniciaron una profunda transformación cultural apoyándose en la educación pública.

En 1783 se consumó la independencia de los Estados Unidos y surgió la primera república democrática moderna. Uno por uno, los estados de la nueva Unión Americana fueron estableciendo la educación pública libre para todos. Desde su gobierno en Virginia, Tomás Jefferson promovió un sistema de ‘common schools’ cuya idea básica era formar ciudadanos para la república. Los ciudadanos tendrían que escoger líderes con sabiduría, derrotar las ambiciones y la corrupción en política, además de proteger la libertad mediante la vigilancia del gobierno. La educación pública impartida por el Estado fue apoyado por tres grandes fuerzas: el republicanismo, los protestantes y la economía capitalista.

La principal tarea de la escuela pública en los Estados Unidos fue la de inculcar una sólida moral individualista a fin de participar en la vida democrática, hacerlo consciente de sus derechos y deberes, convirtiéndolo en vigilante activo del gobierno y dotándolo de habilidades básicas para producir e impulsar un espíritu empresarial.

Unos años después de la formación de la primera democracia del mundo moderno, triunfó la Revolución Francesa (1789) y proclamó la desaparición de los privilegios de los aristócratas, liquidando el absolutismo existente y exaltando los valores de la burguesía. La república sustituyó a la monarquía y se estableció la separación entre la Iglesia y el Estado. Vino de inmediato la Declaración de los Derechos Universales del Hombre decidiendo la creación institucional del concepto de ciudadanía como base del orden político y el desarrollo de las virtudes ciudadanas como la pieza clave del nuevo orden social.

Entre los conceptos más importantes escritos en la Enciclopedia de Diderot y D’Alembert destacan la difusión de ideas políticas modernas, donde se incluyeron temas sobre la organización libre y democrática de la sociedad y se habló del nuevo concepto de ‘ciudadano’. También se menciona que la democracia es una de las formas más simples de gobierno en la que el pueblo posee la soberanía y el ciudadano es miembro de una sociedad libre. Los ciudadanos son todos nobles, puesto que la nobleza no procede de los ancestros, sino del derecho común inherente a las dignidades de la magistratura. El Estado será más armónico cuanto más se aproxime a sus ciudadanos y a la igualdad de sus aspiraciones y fortunas. Esta es una condición exclusiva de la democracia pura, pero hasta en la más perfecta democracia, la igualdad absoluta entre los miembros de su sociedad es quimérica.

La revolución francesa ha sido la revolución burguesa por antonomasia que introdujo una transformación total en el orden institucional, proclamó la democracia que en los hechos derivó en una dictadura y señalo la necesidad de crear escuelas populares que contribuyeran a formar al nuevo ser humano. Decía Condorcet en su reporte sobre el decreto de instrucción pública que el objetivo de su institución de educación pública era cultivar en cada generación las facultades físicas, intelectuales y morales para contribuir al desarrollo general y gradual de la especie humana que es el objetivo final hacia donde debe dirigirse toda institución del Estado.

Quiero concluir esta breve síntesis de la evolución de la educación pública en los primeros dos estados democráticos con el concepto de las reformas pedagógicas de los revolucionarios franceses, quienes colocaron a la ciencia en el eje de la enseñanza y debatieron sobre los distintos planes de educación con el propósito de ofrecer un modelo educativo básico a toda la comunidad en función de un Estado democrático. Aunque haya sido Napoleón, un líder político muy poco democrático quién finalmente construyó los pilares del sistema educativo francés que todavía opera.