Estado Democrático y Educación

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El concepto de democracia republicana surgió en una época cuyo principal signo distintivo fue la Ilustración. En el siglo 18 se pensaba que la libertad humana solo era posible mediante el cultivo de la inteligencia, por lo que sus peores enemigos eran la ignorancia y el oscurantismo. Según Rousseau, el paso del estado natural al estado civil supone el abandono de las conductas instintivas que hasta esa época habían guiado la conducta del ser humano y era el inicio de una nueva conducta guiada por la moral. De modo que concebía a la democracia como una producción del ser humano y solo dependía de la inteligencia y de la voluntad de quiénes la crearon.

 

Decía Rousseau que los valores de la democracia no eran verdades reveladas ni hábitos naturales, sino la igualdad de derechos, la justicia, el respeto a la ley y a la civilidad, la tolerancia a la diversidad, la solidaridad, la responsabilidad personal y cívica, el auto respeto que seguirían existiendo en la medida en que estos valores fueran enseñados y llevados a la práctica. De no hacerse, la democracia podría decaer o desaparecer. Por lo que la educación institucional de parte del Estado ha sido un factor vital para que la democracia persista en muchos países del mundo.

 

Haciendo una síntesis de los procesos históricos y de la relación entre democracia y educación iniciaré el brevísimo relato con una frase que se atribuyó a Pericles, acerca del sistema democrático en la ciudad de Atenas durante el ´siglo de oro´: ‘Nuestra constitución política no tiene nada que envidiar a las leyes que rigen a nuestros vecinos; lejos de imitar a los otros, nosotros damos un ejemplo a seguir. A partir de que nuestro Estado es administrado en función del interés de la masa ciudadana y no de una minoría; nuestro sistema ha tomado el nombre de democracia. Los hombres se pueden dedicar simultáneamente a sus asuntos privados y a los del Estado: los simples artesanos pueden entender adecuadamente los acentos de la política. Nosotros somos los únicos en no considerar como un inútil al hombre que no participa en política, sino como un ocioso’.

 

Dicen los historiadores que en la Grecia Antigua la educación tuvo un papel crucial, pero no se trata de la educación en un sentido convencional. Lo que ahora se entiende como educación era en un sentido más amplio ‘ la paideia’ ya que incluía la formación en la vida política. Según Jaeger, estos elementos no constituían algo distinto a la estructura objetiva de su vida espiritual y no se distinguía la vida pública de la privada. En si misma, la vida era una escuela de la ciudadanía.

 

Hacia la última etapa de la Grecia Antigua – cuando ya había desaparecido la democracia, los niños eran instruidos en cinco asignaturas: música, gimnasia, lectura, escritura y cálculo. Para lo que existían maestros expertos que ofrecían sus servicios por una paga determinada. Los niños eran acompañados a la escuela por esclavos llamados ‘paidogogos’ de quiénes recibían influencias morales decisivas.

 

La segunda gran aportación teórica de los antiguos griegos a la organización política de la sociedad fue la ‘Política de Aristóteles’, quien al igual que ‘La República de Platón’ fue al mismo tiempo un tratado sobre la organización del Estado y de pedagogía, donde se da una descripción de las diversas constituciones y modelos de gobierno que existieron en la época dorada de Grecia Antigua y se bosqueja un Estado menos imperfecto en términos de población, territorio, acceso al mar, clases sociales, etc. Aunque Aristóteles no simpatizaba con la democracia, de todos modos estudió los diversos regímenes políticos, desde la monarquía, la autocracia y la república, hasta la tiranía, la oligarquía y la democracia.

 

De manera especial, Aristóteles se preocupó por la relaciones entre la educación y el sistema de gobierno en una sociedad de hombres libres. Pensaba que el principal objetivo de la educación era formar buenos ciudadanos, por lo que escribió: ‘en todas las facultades y artes se requiere educar y habilitar previamente con visitas al ejercicio de cada uno de ellos y es evidente que eso también se requiere para la práctica de la virtud’.

 

Según Aristóteles, la educación debía ser pública y común para todos, en correspondencia de que la ciudad tenía un fin único: ‘No es el azar, decía, el que asegura la virtud del Estado, sino la voluntad inteligente del hombre’. El punto de partida de la educación ciudadana debe ser el reconocer que el hombre es un ser moral que en la escala animal solo él es capaz de percibir la diferencia entre el bien y el mal. El alma del hombre tiene dos partes: una irracional y otra racional. El verdadero fin de la naturaleza es la inteligencia, por lo que la educación debe subordinar el instinto que es la parte irracional. El orden de importancia en la educación debe ser primero el cuerpo, después el instinto y finalmente la inteligencia. Por lo que el modelo básico debe comprender letras, gimnasia, música y dibujo.

 

Los pensadores modernos también atribuyen a la educación un papel fundamental en la construcción del Estado. Empezando por Tomas Hobbes (1588 – 1679), quién sostiene en su ‘Leviatán’ que los hombres son animales egoístas, viven con temor a la muerte y su principal objetivo es el de sobrevivir. Son además víctimas de sus pasiones y viven en guerra permanente. Bajo esas circunstancias es imposible que prosperen la agricultura, la industria, las ciencias y las artes. Por lo que se requiere crear un poder común que imponga el orden mediante el temor y el castigo. Ese poder común se construye mediante un pacto entre todos los miembros de la sociedad y una vez constituido no será lícito nada que vaya en su contra, ya que la lealtad al Estado es la virtud preferente y nadie puede oponerse al poder político o servir a otro amo.

 

Hobbes parte de la concepción del hombre como un ser negativo, incapaz de alcanzar por si mismo el autodominio. Por lo tanto requiere de la educación, aunque ésta, por sí sola no puede resolver el problema social, ya que para ser superado el estado original del ser humano debe ser por la fuerza. Según Hobbes, la educación del niño es entendida como una domesticación. En las familias, como en la sociedad debe haber un gobierno. En el caso de las familias lo ejerce el padre o la madre y los métodos para educar a los infantes no deben de ser inductivos sino deductivos, en donde se le ofrecen al niño axiomas que son conceptos ya elaborados de los cuáles deduce las consecuencias.

 

Una vez constituido el Estado de Hobbes se requiere de la educación para poder imponer su soberanía. El temor a la ley no existe cuando se ignora y cuando la población desconoce los castigos que trae consigo el no acatarla. Por lo tanto, el Estado debe instruir al pueblo en el conocimiento de lo que es justo o injusto con lo cual hará a sus súbditos más aptos para vivir en paz y armonía. Por lo que el conocimiento de las leyes debe tener un lugar prominente en la educación, pues su ignorancia puede excusar a quién la viola. En su ‘Leviatán’, Hobbes habla de las obligaciones del poder soberano y señala a la educación como una de las más importantes.

 

Por lo que señala que ‘va en contra de su deber dejar al pueblo en la ignorancia o mal informado acerca de los fundamentos y razones de sus derechos esenciales’. Resulta muy necesario enseñarlos de modo diligente y veraz, porque no pueden ser mantenidos por una ley civil o por el terror a un castigo penal. Aunque algunos autores insisten en decir que el estado absoluto de Hobbes no puede ejercerse de forma tan radical sino que debe de ubicarse dentro de la tradición democrática.

 

Antes de llegar a la Ilustración, que es el punto de partida del Estado Democrático, mencionaré a John Locke, el padre del liberalismo (1632 – 1704) quién tenía una concepción del Estado algo diferente a la de Hobbes y sostiene que en su modelo de Estado los hombres no viven peleando como lo afirma Hobbes, sino que son libres y sus relaciones obedecen a una ley natural. De modo que deben ser castigados por sus semejantes cuando no respetan la ley natural.

 

No obstante, ese Estado es muy inseguro y expone a los hombres a los abusos de sus semejantes, por lo que tiende a asociarse en comunidades y a formar un solo cuerpo político. Pero la educación es fundamental para que los nuevos miembros de la sociedad aprendan la ley natural. Esta debe ser impartida por los padres de familia y los ayos o tutores rechazando la educación pública, pero no niega su importancia para lograr la convivencia social diciendo : ‘Creo poder asegurar que de cada 100 personas hay 90 que son buenas o malas, útiles o inútiles en la sociedad, debido al tipo de educación que hayan recibido.

 

Adenda: En la segunda parte de este artículo sobre la educación en el Estado democrático iniciaré con la Ilustración y culminaré con la situación que vive el modelo actual de los estados democráticos en decadencia.