Hacia una Nueva Era Financiera

El Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura (BAII) fue fundado en la ciudad de Pekín en octubre del 2014 con el propósito de estimular la cooperación financiera en la región y financiar proyectos de infraestructura en Asia. Desde carreteras, vías férreas y aeropuertos hasta antenas de comunicación y viviendas económicas. No obstante, la mayoría de los economistas del mundo Occidental creen que el BAII fue creado para dar oportunidades a las naciones que no pudieron obtener financiamientos del Banco Mundial y del Banco Asiático de Desarrollo. Ahora mismo ya se han unido al BAII 45 países, entre los que están incluidas todas las naciones europeas.

En lo que va del año 2015 se han unido a la lista de socios del BAII naciones como Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Suiza, Luxemburgo, Brasil, Australia, Corea del Sur y Rusia. Según el acuerdo de octubre del 2014, el capital social del BAII asciende a 100,000 millones de dólares, de los cuáles, la mitad fue aportada por China. Aunque algunas potencias opinan que esa contribución de los chinos era para tener un control de facto de la institución, mientras el Ministro chino de Finanzas Lou Jiwei afirma que su país no aspira al 50% del capital de ese banco, sino a una cifra considerablemente menor.

Según Lou Jiwei, el Gobierno de China solo pretende dar un apoyo que sea suficiente para iniciar el proyecto y su aportación se irá reduciendo conforme entren nuevos países al proyecto financiero. Según la revista semanal china de finanzas Economy & Nation Weekly, también existen otras opciones de financiamiento para el BAII, como los préstamos interbancarios y la emisión de 'bonos soberanos' de parte de los Estados que son miembros del BAII.

La versión oficial de los chinos es que la idea de crear el IBII es parte de una iniciativa del presidente chino Xi Xinping para incrementar las rutas comerciales de China. El BAII dará una plataforma al País para exportar capital, mano de obra y experiencias en la construcción de infraestructuras en las economías emergentes de Asia, además de proporcionar gran apoyo a su economía interna. Según los altos dirigentes políticos de China, este proyecto hará ver a China como una potencia responsable que busca internacionalizar su contribución para crear un sistema financiero global que sea más justo y plural.

Por otra parte, se acaba de reportar de forma oficial el gran fracaso de la economía estadounidense en el reporte oficial del pasado mes de marzo, en el que el empleo descendió a menos de la mitad de lo pronosticado y se augura un año de crisis similar a los pasados. Esta inestable situación económica de los Estados Unidos y el crecimiento global de instituciones financieras alternativas a su Banco Central impulsan el final de la etapa económica basada en el dólar como moneda de reserva internacional, por lo que surge de inmediato la pregunta de cuál moneda será su sustituto.

Según Evander Smart de la revista semanal china CriptoCoinsNews, los múltiples acuerdos comerciales bilaterales y la nueva infraestructura financiera están creciendo cada vez más, por lo que el mundo se acerca con gran rapidez al fin de la 'tiranía económica' basada en el dólar. Existen ahora mismo dos eventos globales de gran importancia que van en contra del duoplio del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional : la creación del Banco Asiático de Inversiones e Infraestructuras (BAII) y el proyecto del Banco de Desarrollo de los BRICS.

El verdadero problema es adivinar lo que vendrá a sustituir al dólar si llega a colapsarse en el corto plazo cuando todavía no existe un sistema financiero global de respeto. Es muy probable, por lo tanto que el yuan chino o alguna otra moneda fuerte llegue a reemplazar al dólar, pero no se ve como le harían los países occidentales que no tienen ningún contacto con esa moneda. Por lo que una opción posible y práctica sería regresar al uso del oro.

Todo mundo conoce que los índices financieros mundiales están basados en su valor con relación al oro, cuyo último valor real data de 1971. Mientras que por otro lado está la moneda virtual conocida como 'bitcóin', aunque mucha gente piensa que carece de valor porque no se puede ver ni tocar. Pero esta moneda virtual podría crear una gran sorpresa, ya que el oro no sería accesible para una mayoría de millones de personas. Mientras que está a la vista la moneda virtual, a pesar del miedo del Estado a un sistema monetario independiente e incontrolable cuando el dólar se colapse.

Según Robin Teigland, economista y profesora de Marketing y Estrategia en la Escuela Económica de Estocolmo, el uso de los bitcoines consiste en utilizar el poder de cálculo informático para procesar transacciones en esta cripto-moneda, asegurar la Red de esta divisa virtual y verificar que el sistema bitcóin descentralizado está sincronizado. Cuando una persona genera bitcoines para realizar ciertas operaciones con objeto de confirmar las transacciones que se producen en la red en esta moneda. A cambio de realizar estas tareas que convierten la red de bitcóin en una red de pago seguro para los individuos o grupo de individuos a quienes se les paga una prima que por ahora es un 'bloque' de 25 bitcoines.

Según la profesora Teigland, ahora mismo ya existen por lo menos 60,000 transacciones diarias en bitcoines. Los empresarios que lo utilizan todo los días prefieren comerciar, comprar y vender servicios utilizando bitcoines. Cuando la gente comienza a usar y operar con esta moneda se convierte en una alternativa diaria del dinero y es el comienzo de una multitud de cripto-monedas que se verán circular en el futuro inmediato.

Es muy difícil que los Estados lleguen a regularla por completo – dice la profesora Teigland – ya que tendrían que lograrse acuerdos con muchos Gobiernos del mundo sobre la forma en que debe ser regulada. Aun cuando el bitcóin tiene muchas ventajas, ya que se pueden ver muy fácilmente todas las transacciones realizadas en línea con esa moneda. Y si el Gobierno pretende cerrar la o regularla en demasía, otras monedas ocuparían su lugar de inmediato.

Piensa la profesora Teigland que los Gobiernos deberían ver que pueden hacer para buscar una regulación blanda de la moneda virtual, pero nunca tratar de controlarla o hacerla desaparecer.

Adenda: Es obvio que nuestra cultura digital es muy inferior a la de los suecos y a la de muchas otras sociedades del mundo actual donde operan a diario transacciones en la Red. Pero no hay duda de que la moneda virtual dominará en todo el mundo dentro de poco tiempo.