El Poder del Mito (segunda parte)

 

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 Decía el brillante mitólogo norteamericano Joseph Campbell que para mejorar el nivel de vida del ser humano se requieren propósitos o metas que no identifiquen al individuo con grupos locales, sino con los seres humanos de todo el Planeta. Campbell consideraba que los Estados Unidos habían sido el primer modelo en el mundo de ese proyecto. Ya que durante su creación habían 13 colonias pequeñas diferentes que decidieron actuar con intereses mutuos para formar la nación sin tomar en cuenta los intereses particulares de ninguno de ellos.

 Todo eso está en el Gran Sello de los Estados Unidos expresado claramente en el billete de un dólar. Ahí está la declaración de los ideales que condujeron a la formación de los Estados Unidos. A la izquierda del billete de un dólar se ve una pirámide con cuatro lados donde nada se advierte en el nivel inferior, pero cuando se sube al nivel superior los puntos convergen y aparece el ojo de Dios que no es otra cosa, sino la razón. De modo que los Estados Unidos fue la primera nación del mundo que se estableció con fundamento en la razón y no en base a su sistema bélico.

 Los caballeros del siglo XVIII que fundaron la nación no lo hicieron con el dios de la Biblia, ya que ellos no creían en la Creación. No pensaban que la mente del hombre era una parte de la de Dios. Sino que la mente del hombre había sido limpiada de preocupaciones temporales y aparecía como un reflejo brillante de la mente racional de Dios. En consecuencia, para estas personas no existía una revelación especial en ningún lado y no requerían de nada, porque su mente clarificada era capaz del conocimiento de Dios. De modo que todas las personas del mundo poseen esta capacidad ya que pueden razonar.

 Este es el principio fundamental de la democracia, puesto que todo mundo es capaz de llegar al conocimiento verdadero y nadie requiere de una autoridad especial o de una revelación que te diga cómo deben ser las cosas. Estos conceptos vienen de un tipo de mitología que no es la mitología de una revelación especial. Sino que se habla de un estado en el cuál los oídos están abiertos a la canción del Universo. Aquí ‘los ojos’ están abiertos al brillante reflejo de la mente de Dios y es un concepto ‘deista’. Una vez que se rechaza la idea de la Caída del Paraíso el ser humano ya no puede separarse de esta fuente.

 Regresando al ‘Gran Sello’, cuando se cuentan el número de niveles en la pirámide se encuentran trece y cuando se llega al piso existe una inscripción en números romanos que dice 1776. Cuando se suman uno, siete, siete y seis se consigue 21 que es la edad de la razón. Fue en 1776 cuando los 13 estados declararon su independencia. El número 13 es el número de transformaciones y el renacimiento. En la Ultima Cena habían 12 apóstoles y Cristo que iba a morir y a resucitar. Por lo que 13 es el número de quienes salían del campo y 12 quedaban en lo trascendente.

 Se tienen los 12 signos del zodíaco y el sol. Estas personas fueron muy conscientes de que el número 13 era un número de resurrección y de renacimiento a una nueva vida, por la que jugaron con esos números. Se había creado ‘un nuevo orden del mundo’. De modo que este nuevo mundo había sido creado con el mismo sentido de La Creación original y era el reflejo de ella a través de la razón.

 Cuando se ve hacia el lado derecho del dólar se puede ver un águila, el ave que representa a Zeus y significa el descenso de Dios en el campo del tiempo y el águila es el principio de reencarnación de esa deidad. El águila calva es el águila americana, la contraparte americana del águila de Zeus, el más grande de los dioses del Olimpo. Zeus desciende desde su mundo superior hacia el campo de acción. Por lo que una forma de acción es la paz y otra es la guerra. En una de sus patas el águila sostiene 13 flechas (el lado de la guerra) y en la otra 13 hojas de laurel que significan la paz. De esta forma aquellos idealistas que fundaron los Estados Unidos pensaron que su País podría ser diplomático o guerrero.

 Sobre la cabeza del águila se leen inscripciones de mitología hindú donde se dice que se debe mantener una mano en el ‘garrote’ de la guerra y la otra en el sonido pacífico de una canción de paz y cooperación. En la cola del águila hay 9 plumas que es el número del descenso del divino poder en el mundo cuando el Angelus suena 9 veces. En la parte superior, sobre la cabeza del águila hay 13 estrellas acomodadas en la forma de la Estrella de David, también conocida como el Sello de Salomón quién ponía figuras de monstruos y gigantes en toda las cosas y en la jarras. El Sello de Salomón se compone de 13 estrellas y cada uno de los triángulos era una ‘tetrakys’ pitagórica.

 La ‘tetrakys’ es un triángulo compuesto de diez puntos, un punto en la mitad y cuatro puntos en cada lado. Este es el símbolo primitivo de la filosofía pitagórica que tiene infinidad de interpretaciones, una de las cuáles es la de ser el centro creativo del universo y de lo que vendrá. Una especie de teoría del origen de la energía en todo el Universo o ‘big bang’.

 De modo que en el Gran Sello de los Estados Unidos existen dos de estos triángulos simbólicos entrelazados formando los 13 puntos de los originales 13 estados y habrá no menos de 6 puntos claves. El sentido de todo esto parece ser el de la Creación desde cualquier punto del compás. O sea que la democracia es la única posibilidad que existe para el mundo real y cualquier persona, desde cualquier espacio puede hablar con la verdad porqué su mente no está fuera de ella. Solo debe dejar salir sus pasiones y entonces hablar.

 Todo este galimatías que relata Joseph Campbell en su libro titulado ‘The Power of Myth’ (1988) fue encontrado en la biblioteca de Thomas Jefferson, uno de los dirigentes más importantes en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, quién junto con otros francmasones, como Benjamín Franklin y Washington fueron los supuestos creadores del uso de la razón para encontrar ‘la democracia’ como único paradigma de convivencia entre las naciones y entre los seres humanos.