El Poder del Mito (Parte I)

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 Los mitos han demostrado a través de su paso por el tiempo y de las  distintas culturas y civilizaciones que su función tiene un significado muy  profundo, tanto para explicar lo desconocido como para regular las  funciones sociales y para controlar la conducta de las personas. Los  mitos han marcado el rumbo de muchas civilizaciones y normas. Hasta  los tiempos actuales se han utilizado como forma de dominación y  poder. En la era actual de la ciencia y la tecnología se encuentran mitos  derivados de la tradición antigua y se van creando otros sobre la base  de las nuevas interpretaciones de la realidad en el mundo mediático y  digital. Los tiempos primitivos fueron de los grandes héroes y de los  dioses fáusticos, hoy solo encontramos placebos para nuestra vida  cotidiana y para las exigencias que rigen la vida doméstica.

El ser humano actual busca crearse y hacerse a sí mismo por medio de las desmitificaciones y del rechazo a lo sagrado. Busca continuamente un apoyo basado en la racionalidad a fin de trascender. Los mitos son muy importantes para conocernos como personas en relación a otros seres diferentes a nosotros con diferencias de religión, comportamiento y cultura. Vale recordar que las diferentes mitologías eran religiones de antaño y en algunos lugares aún son de creencia popular. Las mitologías fueron religiones que actúan como factor de unión de un determinado grupo de personas de tal importancia que si llega a perderse provoca la disolución del grupo.

La mitología da una explicación del orden social de una comunidad y determina el comportamiento social del ser humano. De modo que por miedos o por fe, el ser humano hace lo que le indican los dioses de sus creencias, por lo que cada mitología habla del comportamiento social de quienes creyeron o creen en ella. En una época donde se extinguen los valores tradicionales es muy importante el respeto por los demás y sus creencias. Aun cuando no se pueda entender el total de símbolos, rituales y significados que cada religión aporta a sus integrantes, a final de cuentas, el respeto a las demás religiones y determina un respeto a sí mismos como seres iguales promoviendo la convivencia pacífica global.

La definición más común de lo que es un mito se refiere a la de historias acerca de dioses. De modo que el siguiente paso tendría que ser la definición de un dios como la personificación de una fuerza motivante o de un sistema de valores que funciona en la vida humana y en el universo. O sean las fuerzas de nuestro propio ser y de la naturaleza. Los mitos son metáforas de potencialidad espiritual en el ser humano y las mismas fuerzas que animan nuestra vida y la del mundo. Pero también existen mitos y dioses que tienen que ver con sociedades específicas del patrón de deidades de una sociedad. O sea que existen dos órdenes diferentes de mitología: la que te cuenta tu naturaleza y la del mundo natural de la que tú eres parte y la mitología estrictamente sociológica que te liga a una sociedad en particular.

El ser humano no es solamente un ser natural, sino que es miembro de un grupo en particular. En la historia de la mitología europea se pueden ver las interacciones de esos dos sistemas: el sistema socialmente orientado es de gente nómada que se mueve alrededor, de modo que la persona en particular está en el centro de ese grupo, mientras que la mitología orientada hacia la naturaleza sería la de los agricultores. La tradición bíblica es la de una mitología socialmente orientada donde la naturaleza está previamente condenada. En el siglo XIX los escolares pensaban que la mitología y sus rituales eran un intento para controlar la naturaleza, pero eso fue una especie de magia que no tiene que ver con la mitología o la religión. Las religiones naturales no son intentos para controlar la naturaleza, sino que ayudan al ser humano a estar de acuerdo con ellos.

En la segunda parte de este artículo titulado ‘El poder del Mito’ intentaré presentar un resumen muy sintético de lo que Joseph Campbell consideró como el primer y único intento de una nación (los Estados Unidos de Norteamérica) de crear y difundir una mitología propia de manera oficial que determinase con claridad cuál era su posición en el mundo con respecto a los demás países, mitologías y religiones. Una decisión de enorme valor, ya que según Campbell y otros muchos sociólogos y políticos lo convirtió en el País centro del Universo y en el paradigma de nación cuya base fue el descubrimiento de la razón como el único y verdadero Dios que permite vivir en paz o en guerra indiscriminadamente y da lugar para que el ser humano trate de convivir con sus semejantes en plena paz y concordia.