La Rebelión del Islam

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Desde hace varias décadas se habla del problema del Islam en general y de manera particular de todos los pueblos con esa misma cultura colectiva que tienen conflictos con muchas naciones del mundo oriental y el occidental. Pero la idea de este artículo es de no hacer un abordaje político del problema, sino enfocarlo a su aspecto espiritual. Ha sido un hecho reiterativo que casi siempre los movimientos políticos de los pueblos árabes y las iniciativas de Egipto y de los demás países del Norte de África se han visto con simpatía por la mayoría de las naciones libres.

Quizá ello se deba a que existen cuentas por saldar con las potencias que los despojaron de sus bienes materiales y les impusieron durísimos tratados de paz, por lo que es posible que los ciudadanos libres de todo el mundo reciban cierto placer cuando se ve amenazado el prestigio y el dominio de tales potencias. Pero eso no significa que las naciones libres deban lanzarse contra el colonialismo percibido como un proceso para crear una hegemonía de la raza blanca, sin tomar en cuenta que ya se ha formado un nuevo orden mundial donde no existe una etnia predominante.

En la época de Mahoma, la yihad significaba la palabra mediante la cual se buscaba convertir a los judíos y a los cristianos de Arabia, con el diálogo, más no con la fuerza. Para los siglos VIII y IX el concepto se transformó marcado por la expansión musulmana y se volvió belicista. Se consideraba que el Islam, al tener vocación universal estaba llamado a extenderse por todo el mundo. De modo que la yihad tomó características ofensivas y conquistadoras.

Mahoma, en su figura de profeta no sólo era un líder religioso y social, sino que también determinaba una agenda militar y política. En consecuencia una política militar era entendida como una cosmovisión en Arabia. Una sociedad que aprobaba la lucha entre tribus y comunidades, por lo que la belicosidad de la “Guerra Santa” era ampliamente compartida.

Ya durante los siglos IX y X se terminó la expansión militar y se alcanzó un equilibrio político y estratégico entre el imperio musulmán y las regiones vecinas. De modo que el concepto de yihad volvió a evolucionar y se transformó en una yihad defensiva que buscaba consolidar la lucha contra los herejes y rebeldes internos, pero manteniendo un anhelo por la expansión armada que solo se interrumpía temporalmente.

Durante los siglos X y XI ocurrió un nuevo cambio en el concepto de yihad y se convirtió en una lucha contra todo aquello que perjudicara a la comunidad con un significado más espiritual de combate moral. La yihad puede interpretarse de acuerdo al período histórico que se desee utilizar, ya que además de llamar a luchar contra los enemigos externos, la yihad es el esfuerzo por hacer siempre lo correcto y la determinación de obrar bien. También significa la lucha por la justicia aun en contra de los intereses propios. Existe también la yihad del corazón que significa la lucha espiritual de uno mismo para mejorar como ser humano y por último la yihad de la lengua que es el esfuerzo por opinar y legislar con justicia.

La yihad es un término que ha evolucionado conforme su propia religión lo ha requerido y ahora mismo podría resumirse que ‘es solo espíritu en total armonía y buscando la paz’.

El Islam ha sido un fenómeno cultural que no tiene equivalentes en el mundo y de una comunidad de 350 millones hace 50 años se convirtió en un monstruo con más de 1200 millones de musulmanes que emigraron a diversas partes del mundo, principalmente a Europa y a Norteamérica, conservando siempre el concepto de su cultura colectiva, de su religión y de su conciencia moral. Como la mayoría de las naciones a donde emigraron no crearon regulaciones específicas para que se adaptaran a sus condiciones de estados laicos y democráticos, ahora mismo varias naciones europeas que los aceptaron sufren las consecuencias de su intolerancia y se han generado graves conflictos al no poder tolerar las críticas del mundo Occidental.

No hay duda de que el increíble proceso demográfico del Islam combinado con la migración de sus miembros son los principales orígenes de los conflictos actuales en Europa y en el Medio Oriente, pero tampoco hay duda de que nada logrará cambiar las mentes de los islamitas y se tendrá que llegar a acuerdos internacionales donde intervengan nuevas religiones y nuevas visiones del mundo ya dentro del nuevo eje mundial que se extiende desde Alemania hasta China pasando por la India y la veintena de naciones subsidiarias de culturas colectivas muy diferentes.

Adenda: Por fortuna, está muy claro que la violencia bélica estará al margen de la solución global que se buscará a este grave problema.