Etapa final del dólar

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Ha finalizado la era en la que el dólar era la divisa universal por excelencia, aunque es obvio que el período de transición durará unos cuantos años más. En el momento actual, casi todas las economías del mundo llevan dos años sustituyendo sus reservas en dólares ya sea por metales preciosos o por otras monedas. Toda esta situación se maneja con mucha discreción en todas las naciones del mundo, ya que podría generar consecuencias desastrosas, a pesar de ser una situación conocida por todos los medios financieros del mundo.

Desde que las instituciones financieras y los bancos centrales de los Estados Unidos entraron en crisis en el 2008, la participación del dólar en las reservas mundiales ha caído en más de un 10%, mientras el oro y el euro han subido de precio. El fondo del asunto se reduce a dos hechos fundamentales: esta divisa está respaldada por una economía muy endeudada que ya no produce bienes materiales y las reservas de metales preciosos en la nación más rica del mundo son ficticias.

Aunque los Estados Unidos continúa siendo la mayor economía del mundo cuando se mide a través de su PIB nominal, gran parte de su desarrollo se debe al endeudamiento. Ahora mismo, los Estados Unidos es la nación más endeudada del mundo y su deuda rebasa a todo su PIB de un año. Debido a esta alta carga de la deuda externa, cada vez resulta más difícil para esta nación conseguir financiamiento para solventar los gastos del sector público y eso explica la supuesta lucha entre los dos partidos políticos existentes en la aprobación del presupuesto del Estado y en el teatro que hicieron de llevar al paro total de las instituciones federales.

De todos modos, el oro sigue siendo aún el mejor instrumento de las reservas porque la mayoría de las operaciones con las que se logra estabilizar la política monetaria es con el papel moneda. Aun cuando todo mundo sabe que el dólar carece de un respaldo en metales preciosos lo sigue utilizando por motivos prácticos de sus rápidas transferencias por todo el mundo.

En el 2012, después del escándalo de Goldman Sacha cuando vendió a Alemania certificados íntegros de oro sin tener el metal precioso en sus bóvedas, el Gobierno alemán empezó a presionar a la Banca Central de los Estados Unidos para repatriar aunque fuese la mitad de las reservas de oro almacenadas en territorio americano, sin lograr más que dos visitas de inspección muy limitadas y una promesa de que se le entregarían hasta el 2020. Esto ha generado una enorme desconfianza hacia la Reserva Federal de EUA compartida por las demás naciones acreedoras y por todas las naciones del mundo en general.

Eso ha ido convirtiendo al dólar en valor de cambio casi exclusivo del sector energético – principalmente del petróleo crudo – y en la divisa idónea para préstamos internacionales. La gran paradoja actual del dólar es que su principal fortaleza es la de tener presencia en todas las monedas del mundo que evita su retiro inmediato del mercado financiero global, mientras lo convierte en el instrumento más temido por su carencia de respaldo en reservas de metales preciosos.

Surge entonces una nueva realidad en el mundo actual: la economía y la moneda de los Estados Unidos se sostienen y operan gracias a las monedas y a las economías de las demás naciones del mundo y no al revés como quiere hacer creer el Gobierno norteamericano. Por lo mismo, ninguna nación desea acelerar el proceso de ir sustituyendo a esa divisa y actúan con cautela; aunque saben bien que sus reservas en dólares valen mucho menos de lo que representan nominalmente, nadie se atreve a reventar la burbuja de esta gran mentira y desatar un evento financiero apocalíptico.

La forma en que la economía de mercado asigna un valor a las mercancías es realmente risible, ya que es suficiente que dos naciones les aprueben un valor determinado para empezar a comercializarlas. Y lo mismo sucede con las monedas, donde basta con la aprobación de dos naciones para que sus divisas sean utilizadas como unidades de cambio. El factor predominante de la economía actual es la especulación, y aún cuando el mercado monetario sea el más informado de todos, la verdad es que siempre comparten y ocultan la mentira de la falta de reservas en metales preciosos o en bienes materiales y aceptan otras monedas a cambio de que les acepten las propias.

El fondo de este gran problema actual es que el mercado de valores y sobre todo el de dinero se basan en pronósticos, más nunca en hechos. Siempre obedecen a la posibilidad de que algo suceda, pero nunca reaccionan a los hechos.

Adenda: No hay duda del alto nivel de inseguridad actual de los mercados financieros, presionados por la desaparición de la economía productiva, la aceleración de la especulación financiera, la desaparición de la clase media, el aumento substancial de la economía informal y las actividades crecientes de la economía criminal. Pero tampoco hay duda de que el mundo tendrá que seguir adelante y reformulará las instituciones transnacionales adecuadas a esta nueva forma de convivencia social del ser humano donde el único paradigma existente es el del poder que da el dinero.

(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)