Fin del sindicalismo

 elbita

La noticia de la aprensión de la lideresa sindical de los maestros, Elba Esther Gordillo llena por ahora casi todos los titulares de la prensa mexicana, es el tema preferido de la clase política y ocupa gran parte del tiempo de los noticieros televisivos de México. Sin embargo, no ha logrado generar ni siquiera una nota informativa de nivel secundario en los diarios más importantes de los Estados Unidos y del mundo en general. Sólo han aparecido comentarios aislados redactados por periodistas mexicanos en algunos diarios hispanos, como El País y El Mundo, pero no hay noticias de dicho evento en el medio televisivo de los Estados Unidos, ni de las principales naciones de Europa.

Existen diversas explicaciones sobre la poca importancia que parece representar para el mundo la aprensión de la lideresa del sindicato más grande de América, con más de un millón de afiliados. Pero es fácil encontrarlas si el evento se contextualiza dentro del actual momento histórico del mundo global, donde la plutocracia dominante está logrando la anulación de todas las conquistas laborales de la clase trabajadora obtenidas en más de dos siglos de lucha y piensa que los maestros de educación básica y media no corresponden a la clase trabajadora cuyos privilegios buscan anular los capitalistas, sino que son empleados del Estado, cuya relación podría cancelarse en cualquier momento, sin que puedan utilizar los recursos jurídicos de los trabajadores del medio productivo y del sector de servicios.

Desde una visión global, a nadie le importa la forma en que el Estado mexicano resuelve sus problemas internos, tal como está sucediendo en muchas regiones del mundo, utilizando a las fuerzas policiales, la inteligencia y modificando el sistema jurídico cada vez que sea necesario. La situación de facto es que el problema de la responsabilidad patronal con sus trabajadores está prácticamente resuelta en la gran mayoría de las naciones del Mundo Occidental mediante un proceso de adecuación de sus normatividades constitucionales a los intereses patronales. Este proceso se ha venido realizando durante los últimos veinte años, mientras que en otras sociedades más primitivas o quizá menos hipócritas, los movimientos y demandas de la clase trabajadora se controlan mediante el uso directo y violento de la fuerza pública.

Al observarse este evento de la defenestración de la presidenta vitalicia del sindicato de maestros utilizando procedimientos jurídicos perfectamente planeados y ejecutados, el actual Gobierno de México no está quitándole poder al sistema sindical existente, ya que este evento ha sido posterior a la desaparición – a finales del mandato de Calderón – de la legislación laboral que existía desde 1917 y de su básico artículo 123. El Presidente de México no pretende controlar a los líderes sindicales actuales, quiénes ya habían aceptado ceder todas sus conquistas laborales desde el momento que aceptaron la nueva Ley Laboral y ahora son simples empleados del Gobierno en turno que aceptarán cualquier disposición que señalen sus patrones, así como podrán ser echados de sus posiciones en el momento que así lo decidan los operadores del Gobierno en turno.

No hay duda de que no existen a la vista factores políticos y sociales en ninguna región del mundo que pudiesen frenar el proceso de liberación de los pasivos laborales de todos los patrones del mundo, por lo que esta acción jurídica específica del Estado mexicano para quitarle el poder a la máxima lideresa sindical de América carece de importancia en este momento histórico del triunfo total de la plutocracia en el mundo y de su liberación total de las responsabilidades con la clase trabajadora. Los planes del gobierno estadounidense para trasladar las riquezas de México a sus empresarios más poderosos y la idea de controlar su producción de energéticos y de 'commodities' siguen adelante, sin que los propios gobiernos mexicanos puedan impedirlo, mientras los poderes fácticos de México y los títeres que imponen en los cargos públicos sigan pensando que los paradigmas y la visión del mundo de la sociedad norteamericana son la mejor opción que tiene la nación mexicana.

Aunque este evento haya despertado la ilusión de muchos mexicanos por el eventual renacimiento de una nación libre y soberana capaz de tomar sus propias decisiones en política interna y externa, tal como sucedió en el pasado, lo cierto es que esa posibilidad está por ahora totalmente descartada. El actual presidente de México, al igual de quiénes le precedieron durante las últimas tres décadas solo obedecen las disposiciones de Washington que se instrumentan a través de los medios de información masiva sobre una sociedad que siempre ha sido proclive a ser dominada por etnias superiores.

El caso de la maestra Gordillo sólo exhibe otra debilidad que no es exclusiva de los mexicanos, de enloquecer por completo cuando alcanzan alguna posición de privilegio que les permita enriquecerse. La aprensión de la maestra Gordillo fue tan irrelevante para los altos mandos políticos internacionales y para quienes conocen a fondo la política mexicana que durante el informe oficial del Jefe del Ejecutivo mexicano ni siquiera mencionó el nombre de la frívola pecadora, mientras sus principales subordinados y aliados ponían pies en polvorosa.

Si el evento no trascendió el ámbito de la nación mexicana es justamente porque este fenómeno del sindicalismo al servicio del Estado ha sido y es exclusivo de México, desde que Lázaro Cárdenas lo utilizó para construir un sistema político que operó con éxito durante muchos años. Siempre que un líder sindical ha desafiado al añejo sistema del presidencialismo mexicano se le ha despojado de su poder, utilizando todo tipo de estratagemas donde no se han descartado la violencia y crimen.

(Imagen tomada de Internet / Derechos reservados por el autor)