Nacionalistas y Populistas (I)

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El mapa político de Europa y del mundo en general está cambiando ahora mismo, después de que hubo muchos años de bipartidismo moderado. Ahora aparecen nuevos partidos en la arena política con modelos y discursos cada vez más polarizados. Sobre todo han surgido los partidos populistas de extrema derecha con el común denominador de un ‘nacionalismo excluyente’.

Estos partidos avanzaron un 15% en Europa Occidental y un 11% en Europa del Este entre el 2014 y el 2018, de modo que algunos partidos han conseguido representación parlamentaria en las últimas elecciones de Alemania, Países Bajos, Finlandia, Suecia, República Checa, Noruega, Bulgaria y España. En Francia Marin Le Pen y en Austria Norbert Hofer pasaron a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y estuvieron a punto de ganarlas. En Italia la Liga Norte de Salvini consiguió entrar al gobierno mediante un acuerdo con el partido populista Movimiento 5 Estrellas.

Mientras que en Hungría y en Polonia los partidos tradicionales de derecha se radicalizaron con un discurso nacionalista y anti-inmigración propios de la extrema derecha que aprobaron una serie de leyes que restringen los flujos migratorios. En tanto que más allá de las fronteras de Europa, líderes autoritarios ultranacionalistas como Trump de los Estados Unidos, Putin de Rusia, Erdogan de Turquía, Duterte de Filipinas, Bolsonaro de Brasil y Mode de India están tratando de recuperar un paradigma que en realidad nunca existió donde asocian su pasado con un éxito material supuestamente perdido debido al ingreso de inmigrantes de razas inferiores y generando un discurso de odio.

Esta falsa percepción de amenaza cultural se junta con las inquietudes y angustias personales que están ligadas al malestar económico y laboral convirtiendo a ‘los demás’ en el chivo expiatorio de todos los males de la sociedad.

Según Jordi Vaquer, director de la fundación Open Society Initiative for Europe, ésta reacción es muy típica para movilizar a las personas y crear un ambiente de paranoia. Pero esta transferencia de odios no es un fenómeno que pueda relacionarse con la economía, sino que es algo inducido con una finalidad política que construye los odios sociales cuando no existen.