Hacia una Nueva Estructura Geopolítica

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En los últimos meses se está armando una inesperada y rápida reestructuración de la geopolítica en el Medio Oriente, donde los Estados Unidos y sus viejos aliados están pasando a un segundo término a pesar de haber invertido cientos de miles de millones de dólares para controlar la región. Según el profesor de la Universidad de Oxford, Azeem Ibrahim, los aliados de los Estados Unidos en esa región que fueron Israel, Arabia Saudita y Egipto ya no confían en Washington. Y fue en Riad donde surgieron las alarmas tras el conflicto diplomático entre Irán y los Estados Unidos debido al programa nuclear iraní. Mientras que el Cairo está atrapado en la ambivalencia de Occidente.

Dice el profesor Ibrahim que Afganistán está sumergido en el caos, y Pakistán, que era el aliado más confiable de los Estados Unidos en la región, está siendo absorbido por el gran poder de China. Y toda Asia en general está siendo absorbida y remodelada geopolíticamente según las necesidades del comercio chino. Mientras que Rusia, China e Irán están entrando al sistema político del Medio Oriente, sin que los Estados Unidos y Europa tengan capacidad ni deseo de hacer algo al respecto. Por lo que Ibrahim cree que el siglo de control mundial de los Estados Unidos ha terminado.

Los hechos de los últimos meses han mostrado a una China en ascenso, ya convertida en la máxima potencia capitalista, además de la aberrante contradicción de que China se considera a si misma como un país socialista, condición que expresó de forma oficial el pasado 18 de octubre de este año en el congreso del Partido Comunista Chino (PCCH). Todo ello protegido por una alianza estratégica con Rusia. Pero no debe olvidarse que todo eso acontece debido al empuje de la gran crisis económica iniciada desde principios del siglo XXI que aún no toca fondo. La sobre producción de mercancías y la sobre acumulación de capitales en medio de una sobre explotación de las fuerzas laborales han conducido a graves consecuencias inmediatas, cuyo evento más notable es que la crisis en el consumo doméstico de las personas se agrava más cada día.

No hay duda que la gran crisis económica ha sido determinante de la debilidad creciente del capitalismo y se puede observar su decadencia en las caducas burguesías financieras de la Unión Europea, China, India, Japón, Rusia y los Estados Unidos. No obstante persiste el viejo sistema financiero mundial, con la esperanza de que se reanime el viejo ciclo económico de producción y venta iniciado en el siglo XX y que se renueve la economía estancada en todo el mundo.

Esto es muy importante desde la visión de los chinos que hacen grandes esfuerzos para ir hacia un nuevo sistema financiero bajo la batuta del yuan y mientras siguen comprando bonos del tesoro estadounidense en una situación terrible en la que la crisis económica sigue debilitando a las clases más pobres del Planeta. Todo esto sucede justo en un momento en el que se atraviesa un grave período de una crisis geopolítica y de agitación en los principales grupos monopólicos del sistema capitalista, sobre todo los que están con base en los Estados Unidos.

Además de los viejos centros conflictivos del Medio y el Lejano Oriente han surgido nuevas áreas de conflicto en la zona del Kurdistán, en la trayectoria de la Nueva Ruta de la Seda por territorio asiático, en el Sudeste Asiático, en el Africa Subshariana y en Sudáfrica. Sin aceptar aún que la gran mayoría de los países latinoamericanos y del Caribe sufren graves crisis políticas y climáticas, aunque su pobreza aún no alcanza a la de Asia y Africa.

Solo los territorios del sudeste asiático, la polinesia, Borneo, Nueva Guinea y el Continente Australiano conservan sus reservas forestales, de peces y de animales comestibles en perfectas condiciones de equilibrio ecológico y sin guerras a la vista.

Adenda: Lo único visible es que la incapacidad de la mayoría de los líderes políticos a nivel mundial, la inesperada crisis climática y el desplome del viejo proceso productivo y comercial están generando una crisis global de grandes dimensiones, que no se había presentado desde la ‘guerra de los cien años´ entre Francia e Inglaterra en el siglo XVI.

Pero lo más alarmante es que la mayoría de los países desarrollados de Occidente piensen que se puede volver a la vieja fórmula del primer capitalismo no especulativo que permitía un crecimiento económico y demográfico moderado y permanente en las naciones y que se realizaba con la anuencia de un sistema judicial, militar y diplomático aprobado por la gran mayoría de todos los países del mundo. Siempre en medio de guerras inducidas por las grandes potencias, cuyos daños generaban un sistema de reconstrucción que generaba grandes ganancias para los líderes de quiénes controlaban a los mercenarios y a los dueños de las empresas que iban a reconstruir lo que ellos mismos habían destruido.