EUA: ¿Autocracia o Despotismo?

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La Autocracia es el concepto político para designar aquellos tipos de gobiernos en los cuáles el poder se concentra en una sola persona y por lo tanto no se permite la participación de otros individuos o grupos sociales. Dicha persona aglutina el poder total de decisión y de acción. La autocracia fue un sistema característico en diferentes etapas de la Historia y aunque hoy en día la democracia sea la forma más común de gobierno, esto no impide que algunos jerarcas políticos, una vez que asumen el poder en un marco democrático, se conviertan con el tiempo en autócratas. Cuando esto sucede es común que el poder ejecutivo se imponga sobre los poderes legislativo y judicial, tratando de mantenerse en el poder por tiempo indefinido.
La palabra ‘autocracia’ proviene del griego, en el que el término ‘autos’ significa ‘uno mismo’ y ‘kratos’ gobierno. O sea que la autocracia es el gobierno de ‘uno solo’, cuyo elemento más importante es su personalidad y un carácter fuerte y decisivo.

 

Para que una autocracia logre desarrollarse no debe existir ningún tipo de oposición o que la existente sea muy débil. Por ello todas las autocracias demuestran cero tolerancia y alta represión hacia aquellos que disienten de las políticas y decisiones que toma el autócrata. Las autocracias también pueden generarse dentro de otros tipos de gobierno, como es el caso de las que surgen como parte de una propuesta partidaria llevada a cabo mediante elecciones libres y democráticas, pero que al estar en el poder, dicho líder se convierte en una persona centralista y autoritaria.

 

En el presente y en el pasado, siempre han existido muchos ejemplos de presidentes que asumen el gobierno y luego se mueven hacia la autocracia. Para consolidarse eliminan al parlamento y atan de pies y manos a la justicia. Además, encarcelan a aquellos dirigentes que se expresan en su contra, actúan en contra de la prensa libre y de las empresas y organismos que no aceptan su poder.

Por lo que ahora me referiré al fenómeno que actualmente ocurre en los Estados Unidos tomando como base la aguda observación que hiciera de dicho país el aristócrata francés Andrés de Tocqueville en su visita a principios del siglo XIX, quien no lograba descifrar porqué sobrevivía su gobierno democrático y republicano cuando no sucedía lo mismo con Francia y las nuevas repúblicas hispanoamericanas.

 

Tocqueville encontró que el buen funcionamiento del Estado democrático de EUA no provenía de sus instituciones burocráticas, sino de las costumbres de muchos individuos que se asemejaban mucho y formaban una especie de cultura colectiva en común, generando hábitos singulares que sustentaban al gobierno, al mismo tiempo que amenazaban a la democracia.

 

En esa época estaba en la presidencia de los EUA el populista Andrew Jackson, ídolo de Donald Trump. Entonces quedó claro para Tocqueville que las instituciones del Estado no eran las responsables de su éxito y utilizó el caso de México para explicar su descubrimiento, diciendo que la Constitución de los Estados Unidos se parecía a ‘esas bellas creaciones de la industria humana que colman de gloria y de bienes a quiénes las inventan, pero se vuelven estériles en otras manos’.

 

Los mexicanos tomaron como modelo y copiaron casi íntegramente la Constitución de EUA, pero al trasladar la letra a la ley no pudieron transponer el espíritu que la vivificaba. Decía Tocqueville que su doble gobierno de Estados y Gobierno Central se estorbaban y se invadían mutuamente. Por lo que México se iba arrastrando sin cesar de la anarquía al despotismo militar y viceversa.

 

Es probable que Tocqueville tuviera razón y eran las costumbres muy similares de los pobladores estadounidenses los que seguían manteniendo con éxito a la república. Pero advertía que algo grave sucedería si el espíritu que ‘vivificaba’ a la Constitución se extinguía o se transformaba radicalmente. Y justo eso ha ocurrido ahora mismo en los Estados Unidos, aunque la presidencia de Trump haya declarado que la infraestructura espiritual de su país se había normalizado.

 

Como es sabido, nada obliga a los políticos estadounidenses a acatar las declaraciones de inconstitucionalidad de la Suprema Corte y no hay ley que impida a un Presidente burlarse o cuestionar la autoridad de un juez federal. Aunque antes no hacían dichas cosas los mandatarios porque tenían una rígida conducta, al igual que la mayoría de los ciudadanos, pero esos comportamientos han desaparecido en gran parte de la sociedad.

 

Tocqueville hacía dos observaciones para tratar de entrever el futuro de los Estados Unidos: la primera era que en una democracia el único freno real al populismo es la judicatura y puede verse que el único freno real que ha topado Trump hasta ahora han sido los tribunales. La segunda observación de Tocqueville era que las sociedades igualitarias son proclives a sacrificar los derechos de algunos para lograr metas colectivas. Decía que todas las democracias tienen un instinto natural a despreciar los derechos de algunos para lograr metas colectivas, como ‘hacer grande de nuevo al País’ que dice Trump. Todo eso es muy poderoso y la sociedad de los EUA tiene una gran debilidad de origen frente a estos reclamos.

 

Tocqueville creía que la democracia tenía remedios para el despotismo, como son la libertad de prensa, las ONG’s, los tribunales autónomos, etc. No obstante, parece que por vez primera en la Historia, los Estados Unidos enfrentan el peligro de convertirse en una autocracia o en un despotismo como el que Tocqueville percibió durante su visita a América a principios del siglo XIX.